
En las zonas rurales de San Andrés de Tumaco, donde la tierra ha sido testigo de luchas y esperanzas, la palma de aceite se ha convertido en una oportunidad para transformar vidas. Así lo cuenta Sammy Dájome, conocido en la escena musical como “Sami la Cultura”, un joven que encontró en este cultivo la estabilidad para cumplir sus metas y darles ritmo a sus sueños.
Hace seis años, su familia decidió apostarle nuevamente a la palma, pese a los temores que dejó la pudrición del cogollo (PC), enfermedad que afectó los cultivos en la región. “Mi papá tenía unas tierras sin producir y tomó la decisión de sembrar cinco hectáreas. Gracias a Dios, coincidió con el buen precio de la palma y descubrimos algo que no sabíamos: su sistema de producción es constante, mensual, y eso la hace muy rentable”, relata Sammy.
La diferencia frente a otros cultivos como plátano o cacao es clara: mientras estos dependen de cosechas puntuales, la palma ofrece ingresos cada 22 días, brindando seguridad económica a cientos de familias. “Antes en Tumaco, si querías que te fiaran en una tienda de electrodomésticos, solo aplicaba para empleados con contrato fijo o profesores. Hoy, los palmicultores también están en esa lista porque saben que tienen una entrada estable”, comenta entre risas.
Para Sammy, la palma no solo significó estabilidad, sino la posibilidad de estudiar. “Yo le agradezco a la palma. Me gradué como sociólogo en la Universidad de Nariño este año, y ¿quién pagó ese grado? La palma de aceite. No somos ricos, pero nos da la seguridad para ahorrar y crecer”, afirma con orgullo.
Hoy, además de ser profesional, Sammy lleva su historia al arte. Participó en la canción “Así suena la palma”, un homenaje a los agricultores que día a día trabajan por el desarrollo del campo colombiano. Con su nombre artístico “Sammy la Cultura”, busca que la música sea un puente para contar cómo la palma transforma vidas.
“Yo sí le apuesto a la palma. Ojalá tuviera más tierra para sembrar”, concluye este joven que combina la agricultura con la cultura, demostrando que el progreso también tiene ritmo.




