sábado, 8 de agosto de 2026 - ISSN en línea 2744-8274

Cómo renovar palma de aceite sin erradicar el cultivo viejo: estrategias eficientes y sostenibles

Renovación de palma sin eliminar el cultivo viejo: una práctica costosa e ineficiente
Foto: Harold Tapias

*Edición especial abril de 2025

Razones económicas llevan a muchos palmicultores a renovar manteniendo un porcentaje de las palmas viejas en pie mientras crece la nueva siembra. esta práctica conocida como “underplanting” o entresiembra, afecta severamente el rendimiento de las palmas jóvenes.

Cuando una plantación de palma de aceite cumple su ciclo productivo, lo mejor es renovarla completamente. Así mismo, se recomienda la eliminación de las palmas y su renovación cuando la plantación ha sido afectada por enfermedades como la pudrición del cogollo sin recuperación o la marchitez letal, que reducen significativamente el número de palmas en pie. Si la pérdida supera el 30 % de las palmas por hectárea, casi siempre la mejor opción es eliminar el lote y proceder con su renovación.

El costo que la renovación implica para los palmicultores es, la gran mayoría de las veces, el principal impedimento para dar este paso y hacerlo de la manera adecuada.

El periodo improductivo del cultivo joven, en las primeras etapas, y lo que esto pesa en el flujo de caja de las empresas, hace que algunos palmicultores consideren otro tipo de alternativas a la hora de eliminar y renovar: una de ellas es la de mantener un porcentaje de las palmas del cultivo viejo en pie, mientras van creciendo las palmas de la siembra nueva.

Esta práctica, conocida como “underplanting” o entresiembra, tiene una serie de consecuencias que terminan afectando la fisiología y la productividad de las plantas jóvenes, por lo cual esta práctica no se recomienda.

Las razones

Las palmas viejas limitan la cantidad de radiación solar que les llega a las palmas jóvenes (sombreamiento) y compiten por nutrientes y agua, con lo que le restan posibilidades al nuevo cultivo. Esta combinación genera, además, dificultades en la preparación del suelo para las nuevas siembras y son caldo de cultivo para afectaciones fitosanitarias.

Según el investigador en fisiología vegetal de Cenipalma, Rodrigo Ruiz Romero, como resultado de esta práctica, la producción de racimos de fruta fresca en los cultivos jóvenes es mucho menor, incluso 5 años después de la siembra. El estudio muestra una reducción de 6.600 a 4.500 racimos por hectárea en lotes con permanencia de palma vieja, así como también una disminución en el peso promedio de los racimos.

Más desventajas 

Los palmicultores que opten por hacer las nuevas siembras en presencia de las palmas viejas deben saber que el costo en el manejo de plagas y enfermedades se incrementará y que requerirán más mano de obra para supervisar el cultivo.

Es importante prever que habrá una mayor dificultad para el establecimiento de coberturas e impedimentos adicionales para la adecuación del nuevo cultivo, así como posibles daños mecánicos por desprendimiento de hojas y cogollos de las palmas adultas sobre las jóvenes, y volcamientos cuando se toma la decisión de eliminarla.

Pero, quizá, lo más importante es saber que el tiempo de cosecha se incrementará dadas estas condiciones.

Las investigaciones de Cenipalma demuestran que la decisión de establecer el nuevo cultivo en presencia de las palmas viejas genera para el productor mayores costos por el aumento de la supervisión fitosanitaria, una posible ineficiencia en el uso del fertilizante por el nuevo cultivo, con­siderando la toma de nutrientes por parte de la palma vieja.

De otra parte, la práctica de establecer una nueva plantación debajo de un cultivo viejo, re­presenta un riesgo frente a Strategus aloeus. Sus larvas se desarrollan principalmente en los estí­pites y residuos de las palmas eliminadas que se encuentran en estado de descomposición.

S. aloeus causa afectaciones que pueden lle­gar a comprometer el 100% de las palmas nue­vas. Los adultos de esta plaga barrenan el bulbo de las plantas jóvenes. Los mayores ataques se presentan hasta los 4 años en cultivares Elaeis guineensis y hasta los dos años en los híbridos interespecíficos OxG.

Si la renovación se hace dejando en pie palmas afectadas por enfermedades como pudrición del cogollo o marchitez letal, el riesgo de que la nue­va plantación se vea afectada es muy probable, pues se mantiene la presencia del agente causal.

La salida: renovar eliminando la totalidad de las palmas en los lotes para establecer la nueva siembra.

La palma de aceite es uno de los cultivos más rentables en Colombia y, si bien, los palmiculto­res enfrentan retos económicos y fitosanitarios, sus bondades son tales que bien vale la pena, cuando llega el momento, ya sea por edad o por afectación fitosanitaria, hacer el esfuerzo de una renovación que le brinde a la nueva siembra los cuidados y la inversión que esta requiere para ser productiva.

En el análisis de cuándo y cómo renovar de­ben involucrarse criterios técnicos y económi­cos, según lo advierte Rodrigo Ruiz, quien invita a los palmicultores a tener en cuenta que con la renovación comienza un “nuevo negocio” que re­quiere toda la atención en su manejo y cuidados.

Renovar trae beneficios

Tumbar totalmente las palmas, picar y esparcir los trozos o tajadas de estípite es una práctica que genera un ambiente adecuado para las palmas jóvenes, favoreciendo el reciclaje de nutrientes y además se reduce el riesgo de presencia de plagas como Strategus aloeus que pueden causar daños significativos a las nuevas plantaciones.

Renovar brinda una serie de oportunidades, entre las que se encuentran:

  • Establecimiento de cultivares más productivos.
  • Adecuación del suelo, tanto desde el punto de vista físico, como químico y biológico.
  • Establecimiento de Unidades de Manejo Agronómico -UMA-, lo cual permite que haya una relativa homogeneidad en las variables que afectan la productividad: clima, suelo, agua, cultivar de siembra, edad e historial de manejo.
  • Corregir los errores que se pudieron cometer en el cultivo viejo.

Renovar sin eliminar el cultivo viejo: una práctica costosa e ineficiente

  • La sombra de las palmas viejas reduce la luz y retrasa el crecimiento del cultivo nuevo.
  • La competencia por agua y nutrientes limita el desarrollo de las palmas jóvenes.
  • La producción de racimos de fruta fresca se disminuye y se afecta la rentabilidad.
  • Se aumentan los costos de manejo.
  • Si la renovación se realizó por presencia de enfermedades, existe el riesgo de que el problema permanezca en el lote y afecte la nueva siembra.
  • Se incrementan las poblaciones de Strategus aloeus, con un mayor número de galerías, que terminan en posibles casos de pudriciones de estípite.

Cultivos de más de 24 años generan:

  • Disminución en el rendimiento de racimos de fruta fresca y de tasa de extracción de aceite.
  • Mayores riesgos fitosanitarios.
  • Reducción del número de palmas productivas por hectárea.
  • Dificultades en la adecuación y preparación de lotes en la plantación.
  • Problemas en el manejo y cosecha por la altura de la palma.

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