La 21.ª Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite posiciona al sector como actor clave en la transición hacia modelos productivos regenerativos.
En su segundo día, la vigésimo primera edición de la Conferencia Internacional sobre Palma de Aceite consolidó un mensaje claro: el futuro del sector pasa por reconciliar productividad económica con responsabilidad ambiental. Bajo el lema “Adaptarse y crecer hacia un futuro sostenible”, expertos internacionales convergieron en tres ejes estratégicos: adaptación al cambio climático, implementación de agricultura regenerativa y transformación de los sistemas agroalimentarios.
Agricultura regenerativa: la apuesta de América Latina
Mauricio Castro, director de Estrategia de Agricultura y Ganadería Regenerativa para América Latina de The Nature Conservancy (TNC), situó a la región en el centro del debate ambiental global. Con el 60% de la biodiversidad mundial y un tercio de las reservas de agua dulce del planeta, América Latina enfrenta el desafío de revertir el impacto de la agricultura convencional, responsable de dos tercios del consumo hídrico regional y del 70 % de la pérdida de hábitats.
La estrategia R2A, presentada por Castro, propone un cambio de paradigma: restaurar suelos degradados, proteger ecosistemas críticos y reducir emisiones de gases de efecto invernadero. La meta es ambiciosa: transformar la gestión de 400 millones de hectáreas integrando productividad y conservación. En este contexto, la palma de aceite emerge como un cultivo modelo, especialmente en territorios como la Orinoquía, donde la articulación entre sector privado y organizaciones ambientales puede establecer nuevos estándares de sostenibilidad.
La ciencia respalda la transformación
Desde Finlandia, Michael Pashevich del Natural Resources Institute, compartió evidencia contundente: más de una década de investigación en Indonesia y Liberia demuestra que las prácticas de manejo en plantaciones de palma impactan directamente la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y la productividad.
Los resultados son prometedores. La restauración de zonas ribereñas, la renovación estratégica de palmas y el control racional de herbicidas no solo elevan la diversidad biológica y protegen ciclos vitales como el de nutrientes, sino que mantienen, e incluso mejoran, la rentabilidad de las operaciones.
Sistemas alimentarios: de la percepción al potencial
João Campari, líder global de alimentos y agricultura en WWF, planteó la encrucijada actual del sector palmero: superar los desafíos de percepción pública asociados con deforestación y pérdida de biodiversidad, mientras capitaliza su potencial innovador.
La hoja de ruta es clara: fortalecer los sistemas de certificación, implementar agricultura de precisión y recuperar áreas degradadas para ganar legitimidad ante consumidores y mercados cada vez más exigentes. Pero Campari va más allá: visualiza a la palma diversificando su rol en los sistemas alimentarios globales, expandiéndose hacia bioplásticos, biocombustibles, cosméticos y energía de biomasa.
Eficiencia climática: los números hablan
Denis Murphy, CEO de Oleatech Ltd, aportó datos que reposicionan a la palma en el debate climático. Como el cultivo oleaginoso más eficiente del mundo, la palma produce más de 90 millones de toneladas en apenas 29 millones de hectáreas. En contraste, soja, colza y girasol requieren cuatro veces más superficie para volúmenes similares.
Su condición de cultivo arbóreo tropical le otorga una ventaja adicional: mayor captura de CO₂ que las oleaginosas anuales y potencial de integración en sistemas agroforestales. Murphy proyecta que, con renovación de plantaciones y uso de germoplasma disponible, los rendimientos podrían duplicarse.
Colombia lidera la sostenibilidad
Ximena Mahecha, directora ejecutiva de APSColombia, cerró las intervenciones definiendo la sostenibilidad como un modelo de gestión integral que trasciende lo ambiental. Este enfoque combina prácticas agrícolas innovadoras, agricultura de precisión, uso eficiente de recursos hídricos y nutricionales, protección de biodiversidad, con un rol social protagónico: generación de empleo digno, mejoramiento de infraestructura, apoyo a comunidades locales e inclusión de pequeños productores.
La jornada reafirmó que la palmicultura sostenible se consolida como pilar estratégico para enfrentar el cambio climático, fortalecer la seguridad alimentaria y dinamizar el desarrollo regional.




