
En el corazón palmero de Puerto Wilches, Santander, José Luis Bolívar Puello ha encontrado más que un sustento: halló en la palma de aceite un proyecto de vida que hoy transforma su entorno y el de quienes lo rodean.
Bolívar, quien es un productor de menor escala, inició su camino como cultivador en 2021, después de años de experiencia trabajando en el sector. El impulso definitivo vino de su hermano, también vinculado a la agroindustria, quien lo animó a dar el paso.
Ya tenía el conocimiento y la asesoría agronómica de mi hermano, así que decidí invertir en la palma de aceite, y hasta ahora no me he arrepentido.

Hoy, su plantación genera cerca de nueve empleos entre directos e indirectos, y se ha convertido en un referente para otros pequeños productores de la región. Aunque reconoce que no han faltado los retos (como condiciones climáticas adversas o dificultades agronómicas), José Luis se mantiene firme, motivando a su equipo y promoviendo las buenas prácticas entre sus vecinos.
Hemos logrado que muchos productores se organicen para comercializar el fruto directamente con las extractoras. Ya sabemos cómo actuar ante los momentos difíciles y entre todos buscamos soluciones.
Más allá de los logros económicos, Bolívar destaca el impacto social y ambiental de su trabajo. La educación de sus hijos, el bienestar de su equipo de trabajo y la mejora en las condiciones de vida de su comunidad son parte del legado que está construyendo gracias a la palmicultura.

Ahora tenemos una visión más clara sobre la importancia de cuidar el medio ambiente y los ecosistemas. Las certificaciones también han sido clave para fortalecer las relaciones con las comunidades.
Con convicción, cierra con una invitación clara: “La palma es un excelente negocio, socialmente sostenible. Invito a los jóvenes para que se enamoren del sector y vean en él una oportunidad de vida”.




