En las tierras cálidas de Puerto Wilches (Santander), donde el verde de la palma se funde con el horizonte y el sol marca el ritmo de las jornadas, la historia de Orlando Lozano García se levanta como un testimonio de constancia y visión por el campo colombiano.
A sus 63 años, Orlando no solo habla de cultivos: habla de vida. Su vínculo con la palma de aceite inició en 1985, cuando muchos apenas exploraban el potencial de este cultivo en la región. Él, en cambio, ya intuía que allí había futuro.
El cultivo de palma de aceite es de mucha dedicación y esfuerzo.
Pero fue solo hasta 1998, en medio de una Reforma Agraria que transformó la vida de decenas de familias campesinas de la región, cuando ese presentimiento se convirtió en realidad. Junto a otros 78 productores, Orlando tuvo la oportunidad de sembrar no solo palma, sino también esperanza.
Yo sabía que ahí estaba el futuro…
Y no se equivocó. Con disciplina, fue consolidando su cultivo, aprendiendo de cada cosecha y aprovechando las oportunidades que ofrecía el buen comportamiento del mercado. Así, con el tiempo, logró hacer capital y acceder a créditos que le permitieron fortalecer su proyecto productivo.
Hoy, como productor de mediana escala, Orlando sigue madrugando con el mismo compromiso de hace décadas. Su finca -Villa Natalia-, no es solo un espacio de trabajo, es un lugar que genera desarrollo social.

La resiembra, una de las etapas más desafiantes del cultivo, ocupa ahora gran parte de sus esfuerzos, siempre acompañado por la asistencia técnica de empresas palmeras santandereanas.
Para él, el secreto está en no descuidar ningún detalle: monitorear, prevenir y anticiparse.
El cultivo se debe estar monitoreando constantemente para saber qué hace falta y, además, para prevenir enfermedades.
Generación de empleo en la región
Pero más allá de los números y la productividad, Orlando mide su éxito en el impacto que ha logrado generar en su entorno. Su cultivo da empleo a alrededor de seis personas de la región: cortadores, muleros y trabajadores de mantenimiento que encuentran en el cultivo de la palma de aceite una fuente de sustento estable.
Ese aporte al tejido social es, quizás, uno de los frutos más valiosos de su trabajo. Gracias a la palma, Orlando también ha podido diversificar sus ingresos e incursionar en otros sectores productivos, asegurando bienestar para su familia.
Sin embargo, no desconoce los retos. La seguridad y la infraestructura vial siguen siendo desafíos que marcan el día a día del sector.
Con las proyecciones a futuro va uno logrando los objetivos que uno desea.
Mensaje a los jóvenes
Al final de la conversación, su voz cobra un tono especial cuando se dirige a las nuevas generaciones. Más que un consejo, es una invitación sincera: a quedarse, a creer, a continuar lo que otros empezaron.
En este cultivo hay una gran variedad de empleos y es a lo que los más jóvenes le deben apostar.


