En María La Baja, la palma de aceite no solo se cultiva en el campo: también se siembran sueños, se fortalecen familias y se tejen proyectos de vida con sentido de permanencia y orgullo rural. Desde hace más de una década, el Grupo Empresarial Oleoflores ha construido una historia de compromiso ambiental y social que hoy se refleja en oportunidades reales para productores de pequeña escala, niños, niñas y jóvenes del territorio.
Con una visión empresarial basada en la sostenibilidad, el desarrollo rural y el valor compartido, Oleoflores ha apostado por crecer de la mano de las comunidades donde opera. Ese propósito se materializa a través de la Fundación Fundemaría, creada para canalizar los aportes de la empresa Extractora María La Baja S. A., y de otras organizaciones aliadas, con el fin de impulsar programas y proyectos enfocados al desarrollo social, económico, ambiental y humano del municipio.
Uno de los pilares de este trabajo ha sido el fortalecimiento del tejido social y familiar del cultivo. Desde el área social, el enfoque ha sido claro: involucrar a las familias productoras y preparar a las nuevas generaciones para dar continuidad al proyecto palmicultor.
Desde el área Social desarrollamos diferentes estrategias para vincular a las familias, productores, niños y jóvenes para dar continuidad al proyecto de palmicultura.
Glenis Guerrero, Trabajadora Social, Extractora María La Baja del Grupo Empresarial Oleoflores.
‘Palmeritos’: aprender, soñar y crecer desde el territorio
En 2015 nació una de las iniciativas más queridas y significativas de este proceso: el programa ‘Palmeritos’, una apuesta pedagógica y vivencial que abrió las puertas del sector palmicultor a los más pequeños del territorio. Niños, niñas y familiares de productores, así como menores de las comunidades vecinas, comenzaron a conocer de cerca todo lo que implica el proceso agroindustrial de la palma de aceite.
Visitas a la planta de beneficio, recorridos por los cultivos y espacios de aprendizaje permitieron que los niños entendieran el impacto social y económico que genera este cultivo, y lo reconocieran como una empresa familiar capaz de generar oportunidades para el núcleo familiar y la comunidad en general.
Acercamos a los niños familiares de productores y a niños de las comunidades para que conozcan la planta, el proceso que se desarrolla y el impacto del cultivo. Fortalecer estos conocimientos les permitirá, más adelante, aportar a sus propias unidades productivas.
Glenis Guerrero, Trabajadora Social, Extractora María La Baja del Grupo Empresarial Oleoflores.
El programa inició con 30 niños y, con el paso del tiempo, se expandió a diferentes escuelas rurales de la zona. A través del trabajo articulado entre la Fundación, el Núcleo Palmero y las instituciones educativas, más de 100 niños participaron en esta etapa, consolidando un semillero de conocimiento, identidad y pertenencia por el campo.

El desafío del relevo generacional
Con el crecimiento de aquellos “palmeritos”, surgió una preocupación compartida por el sector rural: el relevo generacional. Muchos productores han envejecido y, como ocurre en diversas zonas del país, numerosos jóvenes migran hacia las ciudades en busca de nuevas oportunidades.
Frente a este reto, Oleoflores decidió dar un paso más y enfocar sus estrategias en los jóvenes líderes del territorio. El objetivo: enamorarlos del campo, mostrarles el potencial del cultivo y demostrar que la palmicultura moderna es un sector con futuro, tecnología y sostenibilidad.
A través de capacitaciones, giras de intercambio de experiencias y espacios de participación, los jóvenes han conocido de primera mano las prácticas sostenibles, la innovación tecnológica y el manejo responsable del cultivo de palma de aceite. Hoy, estos espacios se han convertido en escenarios clave para construir liderazgo juvenil y asegurar la continuidad del proyecto productivo.
En 2025, el programa avanzó con un grupo focalizado de 20 jóvenes líderes del municipio de María La Baja, quienes participan activamente en procesos de formación y fortalecimiento de capacidades. Este mismo año, en el marco del proceso de renovación de cultivos en la zona, se han vinculado jóvenes productores que vienen transitando este camino, potenciando sus conocimientos y habilidades en prácticas ambientales y sociales.
Educación que transforma y raíces que perduran
Más allá del cultivo, el compromiso del Grupo Empresarial Oleoflores y de la Fundación Fundemaría ha sido constante: mejorar los índices de calidad educativa del municipio y ofrecer a niños y jóvenes alternativas reales para construir su proyecto de vida desde el territorio.
Así, María La Baja es hoy testigo de una historia donde la palma de aceite conecta generaciones, fortalece la identidad rural y demuestra que el desarrollo sostenible se construye con personas, educación y oportunidades.

