Nota técnica
Por:
Luis Guillermo Teheran Sierra, Investigador Postdoctoral del Programa de Agronomía de Cenipalma
Manuel Rafael Ospino Ballesteros, Auxiliar de Investigación del Programa de Agronomía de Cenipalma
Nolver Atanacio Arias Arias, Coordinador del Programa de Agronomía de Cenipalma
Considerando la relevancia de comprender y potenciar el papel de los microorganismos promotores de crecimiento vegetal en el cultivo de la palma de aceite, desde Cenipalma se ha trabajado en la identificación de sus funciones clave, sus beneficios y las oportunidades que ofrecen para aumentar la productividad y sostenibilidad del cultivo. En este sentido, la presente es la primera de cuatro notas técnicas orientadas a promover el conocimiento y la adopción de prácticas que fortalezcan la microbiota del suelo, generen beneficios tangibles para el cultivo y fortalezcan la sostenibilidad y rentabilidad del cultivo de palma de aceite.
El suelo del agroecosistema de la palma de aceite es un ecosistema vivo y complejo, donde además de la palma y las coberturas vegetales, se encuentran millones de microorganismos actuando de forma benéfica en diferentes formas en el suelo, la rizósfera y hasta dentro de los tejidos de las plantas. En cultivos de la palma de aceite, es importante aprovechar el potencial de los microorganismos del suelo, ya que se ha convertido en una estrategia clave para mejorar la productividad, reducir el uso de insumos químicos y avanzar hacia sistemas agrícolas más sostenibles. En este contexto, existe un grupo llamado microorganismos promotores de crecimiento vegetal – MPCV (PGPR, por sus siglas en inglés), los cuales diferentes características, que mejoran la productividad al asociarse a diferentes cultivos.
Estos microorganismos comprenden una amplia diversidad de bacterias, hongos y actinobacterias que interactúan con las plantas de forma benéfica. Su presencia en el suelo depende de las condiciones del ecosistema, la disponibilidad de materia orgánica, la humedad, la temperatura y el manejo agronómico. Las buenas prácticas agrícolas como la aplicación de diferentes biomasas en campo (hoja al plato, tusas y otros), la aplicación e incorporación de compost y el uso de coberturas vegetales como las leguminosas (kudzu, desmodium y mucuna) y la diversidad de vegetación acompañante, contribuyen a mantener y desarrollar estas poblaciones microbianas (ver imagen 1).

En Cenipalma se han venido compartiendo los beneficios de las prácticas implementadas por plantaciones a través de las mesas de Biología del Suelo en la Zona Oriental y Central. Un ejemplo de los beneficios de los microorganismos y la aplicación de materia orgánica mostraron incrementos significativos en la producción de racimos de fruta fresca (RFF) al integrar compost con alta carga microbiana, mostrando en algunos casos, mejoras de hasta 20 % respecto a prácticas convencionales.
Microorganismos del suelo: ¿Quiénes son?
Los microorganismos del suelo desempeñan funciones fundamentales: descomponen residuos orgánicos, participan en los ciclos del nitrógeno, fósforo y carbono, estabilizan la estructura del suelo y protegen a las plantas frente a patógenos (ver imagen 2). Entre los más importantes se encuentran:

Bacterias: son las más abundantes y diversas. Incluyen tanto especies de vida libre como aquellas que forman simbiosis con las plantas.
Hongos filamentosos: como los micorrízicos y saprófitos (que obtiene su alimento a partir de materia orgánica en descomposición), esenciales en la descomposición de materia orgánica y el reciclaje de nutrientes.
Actinobacterias: productoras de antibióticos naturales, degradan compuestos complejos y participan en la supresión de enfermedades del suelo.
Levaduras y protozoarios: menos conocidos, pero importantes en las redes tróficas del suelo y en la movilización de nutrientes.
Grupos de microorganismos promotores de crecimiento vegetal (MCPV) y sus mecanismos
Los MPCV pueden agruparse según sus principales trazos funcionales o mecanismos metabólicos, los cuales impactan directamente el desarrollo de las plantas. A continuación, se presentan los grupos más relevantes para el cultivo de la palma de aceite:
1. Bacterias fijadoras de nitrógeno (BFN)
Transforman el nitrógeno atmosférico (N₂) en amonio (NH₄⁺), una forma aprovechable por las plantas. Se dividen en:
Simbióticas: como Rhizobium y Bradyrhizobium, que forman nódulos en las raíces de leguminosas como Mucuna, Desmodium y Centrosema. Estas asociaciones se fortalecen con la aplicación de biofertilizantes específicos, lo que incrementa la eficiencia del proceso.
De vida libre: como Azotobacter y Azospirillum, que fijan nitrógeno directamente en la rizósfera sin formar nódulos. Además, producen fitohormonas como auxinas, citoquininas y giberelinas que estimulan el crecimiento radicular.

2. Solubilizadoras de fósforo y potasio
Estos microorganismos transforman formas insolubles de fósforo (como fosfatos de calcio) o de potasio en formas disponibles para las plantas. Bacterias como Bacillus spp. y Pseudomonas spp., así como hongos como Penicillium spp., cumplen esta función. En suelos de baja fertilidad, estos grupos microbianos ayudan a mejorar la eficiencia del uso de fertilizantes. El papel de estos microorganismos en el cultivo de la palma es importante, ya que su presencia en el suelo permite un mejor aprovechamiento de enmiendas como la roca fosfórica, aumentando la disponibilidad de fósforo para el cultivo (ver imagen 4).

3. Productores de sideróforos y enzimas como la ACC desaminasa
Los sideróforos son moléculas quelantes que secuestran hierro del suelo, facilitando su disponibilidad para las plantas, especialmente en suelos de baja fertilidad o de pH elevado. Por otro lado, la ACC-desaminasa es una enzima que degrada el precursor del etileno, una hormona del estrés en las plantas. Al reducir los niveles de etileno, estos microorganismos favorecen el crecimiento incluso bajo condiciones adversas como sequía o compactación del suelo.
4. Hongos micorrízicos y saprófitos benéficos
Las micorrizas forman asociaciones con las raíces y mejoran la absorción de agua y nutrientes como el fósforo y el zinc (ver imagen 5). Por su parte, hongos como Trichoderma spp. destacan por su doble acción: aceleran la descomposición de materia orgánica durante el compostaje y actúan como agentes de biocontrol frente a hongos patógenos en el suelo.

Fotos: Luis Teheran y Manuel Ospino.
El uso estratégico de microorganismos promotores de crecimiento en forma de biofertilizantes o bioinsumos de varios tipos, tiene impactos tangibles en las plantas:
- Aumento del desarrollo radical, especialmente raíces terciarias y cuaternarias, lo cual mejora la exploración del suelo y la absorción de nutrientes.
- Mayor eficiencia en el uso de fertilizantes, permitiendo reducir las dosis aplicadas sin comprometer la productividad.
- Mejora de la estructura y salud del suelo, gracias a la actividad microbiana que favorece la agregación de partículas, incrementa la porosidad y reduce la compactación.
- Reducción de patógenos del suelo, por el efecto antagónico de ciertos hongos y bacterias frente a patógenos.
Los microorganismos promotores de crecimiento vegetal representan una herramienta poderosa para optimizar la productividad de la palma de aceite. Su integración en los planes de manejo agronómico no solo permite mejorar la eficiencia de los recursos, sino que también fortalece la sostenibilidad del negocio palmero. Apostar por soluciones biológicas, apoyadas en ciencia e innovación, es una estrategia que impacta positivamente en la rentabilidad, la salud del suelo y la resiliencia del cultivo frente al cambio y la variabilidad climática. La sostenibilidad de la palmicultura está directamente relacionada con el buen manejo del suelo, en el cual sus principales protagonistas son microscópicos.




