El establecimiento y manejo de especies de coberturas vegetales es un componente esencial del Manejo Integrado de Arvenses (MIA), además de que tiene efectos positivos en la conservación del suelo, ya que disminuye las pérdidas por erosión, reduce la escorrentía, conserva la humedad, favorece el reciclaje de nutrientes y mejora las condiciones físicas y químicas del suelo; caso contrario a lo que ocurre cuando se hacen controles generalizados de las especies acompañantes del cultivo y el suelo permanece sin coberturas vegetales.
Para el cultivo de palma de aceite, si bien existen diversos tipos de coberturas vegetales, estos pueden ser sembrados de manera específica (por ejemplo, la siembra de Mucuna bracteata en cultivos recién sembrados), en combinación de dos o más especies o pueden desarrollarse de manera natural y espontánea de acuerdo con las condiciones del medio disponible (Figura 1).

Para ello, se emplea como base la metodología adaptada del Manual para la Evaluación Agronómica según el Centro Internacional de Agricultura Tropical CIAT la cual consiste en lanzar de manera aleatoria sobre el suelo un cuadrante de PVC de 1 m² para estimar el porcentaje de cobertura del suelo por medio de la aplicación móvil Canopeo®, en la que se toma una fotografía a una altura específica y la aplicación estima esta variable (Figura 2).

Para estimar la acumulación de biomasa y nutrientes por las coberturas presentes en las muestras tomadas con el marco de PVC, se recolecta la totalidad del material vegetal encontrado durante el muestreo de cobertura del suelo, es decir, una vez lanzado el marco de 1 m2, se procede a registrar la biomasa vegetal aérea y de raíces de las coberturas vegetales presentes (Figura 3). Posteriormente, el material vegetal puede ser secado en horno y enviado al laboratorio para análisis de nutrientes en el tejido. La estimación de la acumulación de nutrientes y de aporte de biomasa (fresca y seca) se calcula teniendo como base la biomasa por unidad de muestreo (1 m2) y la concentración de nutrientes en el tejido muestreado, y extrapolando los resultados a una hectárea (ha) o considerando únicamente las áreas estimadas donde se encuentran las coberturas vegetales.

Por su parte, estudios realizados por Cenipalma empleando la metodología mencionada reportan que para coberturas como Mucuna bracteata, Desmodium ovalifolium, Pueraria phaseoloides, Acroceras zizanioides y vegetación acompañante de gran porte, el aporte de biomasa seca fue de 1.3, 1.4, 0.8, 1.1 y 9.5 t ha-1.
Es importante mencionar que, independiente del tipo de cobertura vegetal presente en el cultivo, el conocimiento del porcentaje de cobertura del suelo y de la biomasa aportada y reciclaje de nutrientes como indicadores de conservación del suelo, son parámetros de gran interés para el mejoramiento de la fertilidad del suelo desde sus tres componentes: la física, la química y la biología.




