Hacer realidad el sueño de su padre y ofrecerle mejores oportunidades a su familia fueron las razones que llevaron a Mariela Mendoza Sanabria a convertirse en palmicultora. Ese camino de esfuerzo recorrido con perseverancia y disciplina la convirtió en ganadora del V Reconocimiento a la Sostenibilidad Palmera 2026, entregado durante el 54.º Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite, en la categoría de cultivadores de pequeña escala – modalidad ambiental.
Palmicultora de Sabana de Torres (Santander), Mariela recibió el reconocimiento por el proyecto Regenerar para producir: liderazgo sostenible y economía circular en el cultivo de palma, un modelo de agricultura regenerativa, sustentado en la diversificación productiva, la economía circular y la conservación ambiental.
Mucho antes de recibir este galardón, su motivación había nacido en casa. “Llegué por un sueño de mi papá. Él quiso sembrar palma en vida y yo quise cumplirle ese sueño”. Además, encontró en la palma una oportunidad para transformar el futuro de su familia: “También analizaba la edad de mi mamá y que un trabajo de un salario mínimo que uno se gane no alcanzaba para sostener la familia. Frente a esa situación, me daba cuenta de que las personas que cultivaban palma tenían mejores condiciones de vida y pensé que ese podía ser el camino para sacar adelante a mi familia”, recuerda.
Actualmente cultiva 11 hectáreas de palma en la finca de su madre y su buena experiencia con este cultivo ha fortalecido su deseo de seguir cumpliendo sueños: contar algún día con una finca propia para seguir sembrando palma.
La sostenibilidad como una forma de hacer las cosas bien
En su deseo de trabajar por una producción sostenible, Mariela decidió avanzar hacia la certificación de su cultivo, un proceso que, según explica, exige dedicación, organización, compromiso y responsabilidad.
Para ella, uno de los mayores aprendizajes ha sido comprender que producir de manera sostenible también significa proteger a quienes trabajan en el cultivo. “Hay que tener los obreros con todo lo de la ley, porque ninguna finca puede pagar un obrero accidentado”, asegura.
Mariela trabaja junto con un empleado fijo, una responsabilidad que asume con la convicción de garantizar condiciones laborales adecuadas y cumplir con todas las obligaciones legales.
La certificación también transformó la manera en la que administra su cultivo.
Aprendimos a no desperdiciar los recursos, a no desaprovechar ningún pesito, porque todo cuesta.
Ese aprendizaje, sumado a las capacitaciones recibidas sobre el manejo seguro de insumos, la administración del cultivo y el registro de la información, le permitió fortalecer la sostenibilidad de su producción y alcanzar el reconocimiento recibido durante el Congreso Palmero.
Convencida de los beneficios de este proceso, Mariela invita a otros pequeños productores a dar el paso hacia la certificación: “Que se animen. Allá le enseñan a uno a manejar los productos, a llevar la contabilidad y a tener toda la documentación al día. Es buenísimo”.
Por el logro de su certificación, expresó su gratitud hacia las entidades que la acompañaron en este proceso:
Muchas gracias a Fedepalma, Cenipalma, Palmas del Cesar y a todas las empresas que nos han apoyado para salir adelante. Al final, todos ganamos cuando producimos un mejor fruto y aceite.
La historia de Mariela demuestra que la palma de aceite puede convertirse en mucho más que un cultivo: puede ser el camino para honrar los sueños de una familia, construir nuevas oportunidades y demostrar que la sostenibilidad también nace del compromiso cotidiano.




