
María Erlinda Chaparro es una apasionada palmicultora de pequeña escala de la Zona Oriental, su plantación llamada Palmarito está ubicada el Corregimiento de Punto Nuevo, municipio de Yopal, en el departamento de Casanare.
Su amor por la palma de aceite surgió cuando administraban una plantación en Yopal y vio en él una esperanza para ser independiente y tener su propia finca. Ella es oriunda de esta tierra casanareña, de profesión auxiliar contable, es casada y tiene 3 hijos, comenta que su hija mayor es quien la acompaña y se dedica a velar por la sanidad del cultivo.
En el 2008 adquirieron la plantación y desde entonces han estado vinculados a la Federación, su plantación es de 5 hectáreas con material E. guineensis, con una productividad de 8 toneladas; para María Erlinda, su cultivo lo es todo y vive muy agradecida con sus 482 palmas.
También, manifiesta que el cultivo de la palma de aceite ha impactado de forma positiva en mejorar su calidad de vida, en brindarle estudio a sus hijos, para el sostenimiento de la finca y para dedicarse a otros cultivos como plátano, yuca, cacao, maíz, cítricos y a la ganadería.
Ella es un ejemplo en la comunidad, es quien lleva las riendas en su cultivo y participa en las diferentes actividades del Núcleo Palmar de Altamira y de la Federación compartiendo sus experiencias en el manejo de la plantación y su compromiso con la biodiversidad, esto le ha permitido ser invitada especial en eventos como el Congreso Nacional Palmero en su versión 52 (2024), y ser postulada por el Núcleo para el Concurso Mujer Palmera 2025 en la categoría de Mujer Palmera Campesina.

Estoy agradecida con mi cultivo porque me ha dado mucho, también agradezco a Fedepalma, Cenipalma y al Núcleo Palmar de Altamira, donde soy proveedora, porque me han brindado acompañamiento, capacitaciones para evitar daños y enfermedades en mi cultivo, somos muy comprometidos con la palma y siempre seguimos las recomendaciones en hacer las prácticas que nos dicen para tener mayor productividad y ser sostenibles.
Con su cultivo espera seguir aprendiendo, apostándole a la sostenibilidad y al relevo generacional, que sus hijos y nietos amen tanto el cultivo de la palma de aceite. “He cumplido con mi labor de ser palmera, me siento muy agradecida y le doy gracias a Dios por mi cultivo”




