
A continuación, compartimos dos historias de vida de mujeres palmicultoras que, con compromiso y determinación, han seguido el legado de sus madres en el cultivo de palma de aceite. Estas mujeres no solo han heredado una tradición agrícola, sino también una forma de vida que les ha permitido transformar sus realidades y fortalecer el futuro de sus familias.
Etilda Isabel Acosta
La palma nos da un cambio de vida, solo si somos buenos productores.

Hace 25 años, Etilda Isabel Acosta se integró al sector palmero gracias a la motivación y ejemplo de su madre. Siendo cabeza de hogar, su madre encontró en la siembra de palma una oportunidad para sacar adelante a la familia, y le transmitió a Etilda diversas prácticas agrícolas que le permitieran prosperar en el campo.
Hoy, Etilda se siente orgullosa y agradecida por haber continuado ese legado, sacando adelante su proyecto palmero con cariño y respeto. “La palma nos da un cambio de vida, solo si somos buenos productores”, afirma con convicción. Por eso, siempre se esfuerza en aplicar las mejores prácticas, lo que le ha permitido brindar educación a sus hijos y apoyar a sus nietos.
Como parte del relevo generacional, Etilda está en proceso de transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones de su familia, con la esperanza de que sus hijos y nietos mantengan viva la tradición palmera que tanto ha significado para ellos.
Alma Rosa Espinosa González
La palma ha sido una de las mejores cosas que ha llegado a mi vida. La ha transformado en un 90 %.

Ella es una productora de pequeña escala vinculada al cultivo de palma de aceite desde hace 25 años, siguiendo el ejemplo de su madre, quien gestionaba su propio cultivo y asumía las labores del campo, mientras ejercía simultáneamente los roles de madre y padre.
Este ejemplo de esfuerzo y determinación marcó profundamente a Alma Rosa, quien desde niña observaba y ayudaba a su madre, comprendiendo cómo el cultivo de palma transformó la vida de su familia. Gracias a este trabajo, ella y sus hermanos pudieron acceder a una buena educación y crecer en un entorno digno
Inspirada por ese legado y la calidad de vida que les brindó, Alma Rosa decidió hace diez años emprender su propio proyecto palmero. Con dedicación y compromiso, ha logrado beneficiar a su familia y contar con el apoyo de sus hijos, especialmente de su hijo varón, quien participa activamente en la renovación del cultivo y se muestra motivado a continuar con esta tradición, asegurando así un relevo generacional dentro del linaje familiar.
Además, Alma Rosa se capacita constantemente, asistiendo a talleres organizados por la Federación, con el objetivo de adquirir nuevos conocimientos y aplicarlos en su cultivo, fortaleciendo su compromiso con la sostenibilidad y el desarrollo del sector palmero.




