Mi tío, Pedro Miguel Ortiz Angulo, ‘Cheo’, me enseñó que «el corazón ve los que los ojos no pueden». Toda su vida trabajó en los cultivos de palma de aceite de Tumaco y, desde niño, me inculcó el propósito de trabajar por la comunidad. Me hablaba de la solidaridad y el respeto por la vida y las ideas de los demás. Cuando se jubiló, con sus ahorros, sembró tres hectáreas de palma, de donde derivan su sustento.
Organizó torneos de fútbol, encuentros comunitarios y rifas para conseguir recursos para los más necesitados de Candelillas, el corregimiento donde creció y forjó su familia. ‘Cheíto’ siempre ha sido un líder ejemplar, un luchador incansable contra la adversidad, que logró unir la voluntad de muchos para volver a sembrar palma después de haberlo perdido todo por la Pudrición del cogollo (PC).
Y es que nada puede desanimar. Sin embargo, un día la diabetes apareció y poco a poco le fue robando sus ojos, más no su visión. Decidí entonces prestarle los míos para que, a través de ellos, pudiera ver sus sueños cumplidos.
Una de sus grandes preocupaciones fue siempre la de que los jóvenes tuvieran acceso a la educación, al deporte, a partir de la infraestructura deportiva, a lugares de encuentro y a parques recreativos, que nos mantuvieran alejados de la violencia y, en especial, de los cultivos ilícitos, que comenzaban a apoderarse de la región y de la voluntad de algunos lugareños. Ese incansable interés por los demás también lo heredó mi madre, quien se encargaba de organizar las celebraciones especiales de la familia, consiguiendo que cada uno aportará algo para el convite.
La transformación de la economía en nuestra región se dio gracias a la palma de aceite, pues con ella llegaron oportunidades para el trabajo digno y la educación para niños y niñas de la comunidad. Con mi primo, Jaiber Augusto Ortiz, continuamos lo que el tío comenzó. Guiados por el corazón, fundamos Asoprocan (Asociación Pro-crecer Candelillas), con el fin de seguir buscando oportunidades para nuestra gente, y que nuestros jóvenes valoren lo que podemos conseguir juntos, al compartir una misma visión.
Así es como a través de la gobernación departamental obtuvimos los recursos para montar un gimnasio al aire libre, creamos las jornadas de peluquería gratis y conseguimos el pavimento para la entrada al cementerio, para que el tío ‘Cheo’ visite a sus amigos, y toda la comunidad recuerde a sus seres queridos.
Nuestros jóvenes necesitan crecer alejados de la violencia. Ellos merecen soñar con un mundo justo y equitativo, en el que todos podamos surgir y cumplir nuestras metas, por eso creamos la Asociación “Somos Jóvenes, somos futuro” cuyo objetivo es generar espacios de protección para evitar el reclutamiento de jóvenes por parte de los grupos ilícitos. Como dice mi tío ‘Cheíto’:
Aquí queremos un mundo bueno para todos.
Y es que detrás de cada obra, de cada logro, están los principios que él nos heredó en vida; son algo así como el fundamento que nos permite seguir soñando grandes sueños en una comunidad trabajadora, digna y que no se rinde.
Una versión de eBook está disponible y publicada en varios idiomas, clic aquí para leerlo.
Nuestros palmeros participantes
Estos son los relatos completos de los palmicultores que representaron a Colombia en el concurso internacional del CPOPC:
- El turpial palmero, por Jesús María Mendoza Prada
- Nunca es tarde para realizar tus sueños, por Fanny Rincón Urbina
- El amigo Lorenzo, por Carlos Manchego
- El motor de mis sueños, por Delia Camacho Torres
- Tengo una mejor vida gracias a la palma, por Javier Mejía Palma
- Los dos lados del río, por José Abercio Preciado
- Nunca rendirse es lo mejor, por José de los Santos Ramírez Sarmiento
- Los principios: la mejor herencia, por Juan Ángulo
- La tierra es mi refugio, por Julio Sevillano
- Un nuevo inicio con un final feliz, por Sara González Calderón
- ¡Para atrás, ni para coger impulso! Por Nelcy Vega Jurado
- Estas historias fueron presentadas por Fedepalma para el concurso de historias de pequeños Palmicultores del CPOPC.