*Edición No. 14, septiembre 2025
Con acompañamiento técnico especializado, más de 800 productores de menor escala avanzan en una ruta diseñada para cerrar brechas sociales, ambientales y productivas en sus plantaciones.
En 2024 Fedepalma y Cenipalma pusieron en marcha el proyecto de palmicultura sostenible e inclusiva que este año concentra una de sus metas más ambiciosas: lograr que al menos 300 de estos productores de menor escala que acompaña alcancen un Índice de Sostenibilidad (IDS) igual o superior al 60 %. Para lograrlo, Cenipalma ha desplegado un equipo de 43 profesionales en las cuatro zonas palmeras del país, enfocados especialmente en los componentes ambiental, social y socioempresarial.
Actualmente, 819 productores reciben acompañamiento directo para el cierre de brechas y 600 para organizarse y que accedan al servicio de asistencia técnica. El modelo se basa en una ruta paso a paso y el acompañamiento en la implementación de prácticas de forma constante, no esporádica. “El reto no es solo capacitar al productor, sino que implemente las prácticas”, explica Alcibiades Hinestroza Córdoba, líder del proyecto.
Muchos adoptan e implementan mejores prácticas durante un año y al siguiente, por falta de acompañamiento, desisten. Nosotros buscamos que haya constancia hasta que el productor cree conciencia de la importancia y los beneficios que trae para su plantación mantener las mejores prácticas como parte de su cultura palmera.
Uno de los principales retos del proyecto es vincular a los productores que aún están por fuera de los esquemas de asistencia técnica. Según la caracterización socioeconómica de 2024, cerca de 1.700 productores —el 35% del total de caracterizados— se encuentran en esta situación. Además, se estima que el 40% comercializa su fruta informalmente, lo que limita sus ingresos, reduce su productividad y los excluye del acompañamiento técnico por no aportar al Fondo de Fomento Palmero. “No podemos destinar recursos de los productores que sí aportan para asistir a quienes están por fuera del sistema”, advierte Alcibiades Hinestroza.
La invitación es clara: “Queremos que se acerquen, que se organicen, formalicen su actividad comercial y hagan parte del proyecto. Esta es una oportunidad para mejorar su productividad, sus condiciones sociales y ambientales, y para ser reconocidos como productores de palma sostenible”, puntualizó Alcibiades Hinestroza.
Lo que cambia en la finca… y en la vida con acompañamiento técnico
Blanca Inés Quintana, productora de Sabana de Torres (Santander), inició su cultivo en 2011. “Acá los terrenos son bastante ácidos, bastante infértiles, pero con buenas prácticas hemos ido mejorando”, cuenta. Gracias al uso de biomasa como la tusa, al manejo cuidadoso de agroquímicos y a la implementación de las mejores prácticas, su finca pasó de producir 16 toneladas por hectárea a 22. “Hemos mejorado nuestra calidad de vida”, afirma.

Hoy, su hijo Ángel Osvaldo lidera el manejo administrativo de la plantación. Él reconoce que el acompañamiento técnico ha sido determinante: “Implementamos las prácticas tal como nos enseñaron: fertilización a tiempo, manejo de la biomasa, cuidado del entorno natural y del bienestar del trabajador. Nos han apoyado al 100%”.
En la región del Catatumbo, Neftalí Pabón lleva más de dos décadas cultivando palma. Empezó sin conocimientos técnicos, pero con el tiempo y el apoyo de los extensionistas aprendió a manejar su cultivo de manera integral. “Aplicamos el plan nutricional recomendado y la producción ha ido mejorando. La palma responde cuando se le trata bien”, asegura. Su finca se ha convertido en ejemplo de manejo ambiental, generación de empleo formal y transmisión de conocimiento entre generaciones.
Productividad, relevo generacional y sostenibilidad
El proyecto no solo mejora los indicadores de productividad sostenible. También promueve el arraigo, la permanencia en el campo la participación de nuevas generaciones. “Ya mi hijo asumió prácticamente el control del cultivo, porque yo por mi edad ya no puedo hacer muchas cosas”, dice Blanca con orgullo. Neftalí, por su parte, ha vinculado a hijos, sobrinos y nietos, organizando el cultivo en lotes familiares: “Cada 10 hectáreas tienen un propietario, todo dentro de la misma finca. Así aseguramos el futuro”.
Fedepalma y Cenipalma apuestan por consolidar un entorno de colaboración más cercano entre gremio, los núcleos palmeros y los productores, fortaleciendo la capacidad instalada y articulando los esfuerzos existentes para lograr una mayor cobertura en el servicio de asistencia técnica. La meta no es solo aumentar productividad, sino mejorar los estándares sociales y ambientales que permitan, a los productores de menor escala, avanzar hacia el reconocimiento como productores de aceite de palma sostenible.
Destacado
El proyecto de palmicultura sostenible e inclusiva busca cerrar brechas estructurales mediante una ruta paso a paso que facilite la implementación efectiva de las mejores prácticas productivas, ambientales y sociales, a nivel de plantación.





