La palmicultura colombiana atraviesa uno de sus mejores momentos productivos tras alcanzar un récord histórico de 1,93 millones de toneladas de aceite crudo en 2025. El sector también expandió su presencia a 641.000 hectáreas sembradas en 172 municipios del país.
Mientras las exportaciones crecieron 60% y el biodiésel gana relevancia, Nicolás Pérez Marulanda, presidente ejecutivo de Fedepalma espera la aprobación internacional para usar aceite de palma colombiano en combustibles sostenibles de aviación (SAF), un mercado que podría transformar el futuro del sector.
En términos generales, ¿cuál ha sido el comportamiento de la palma?
El 2025 fue un año muy positivo para la palmicultura colombiana, en lo que se refiere particularmente a la producción, exportaciones y atención del mercado nacional. En términos de producción, se marcó un récord histórico.
Cerramos el año con 1,93 millones de toneladas de aceite crudo de palma. Eso significa un crecimiento del 12% respecto al año 2024. En términos de área, también fue muy importante el año 2025. Terminamos el año con 641.000 hectáreas sembradas de palma en el país, que son un crecimiento superior al 5% frente al 2024. Completamos 172 municipios en 21 departamentos donde hay palma sembrada.
¿Cuáles fueron las razones de ese buen desempeño?
El 2024 fue un año difícil porque hubo un fenómeno de ‘El Niño’ muy marcado. En contraste, el año pasado hubo un clima mucho más favorable. Esa es una de las razones por las cuales hubo una recuperación de la producción.
La segunda tiene que ver con la entrada en la fase productiva de áreas que se habían sembrado en los últimos 36 meses. La tercera, es que el sector palmero lleva casi cuatro años de precios relativamente buenos, razón por la que la gente ha estado invirtiendo en los cultivos, fertilizando, haciendo mejores prácticas.
Ha habido un interés en todas las zonas palmeras de Colombia por aumentar el área sembrada. Por ejemplo, en Norte de Santander, particularmente en el área de Tibú, a pesar de todas las dificultades de seguridad que tiene ese municipio, los palmicultores siguen expandiendo su área.
¿Qué está pasando este año? ¿Se está exportando más?
Tenemos una tendencia desde el año pasado. En el 2024, cuando la producción creció muy poco por cuenta del fenómeno ‘El Niño’, se sacrificaron las exportaciones. Con el crecimiento nuevamente de la producción del 2025, se sigue atendiendo el mercado nacional y se recuperan significativamente las ventas externas. El año pasado, se exportaron casi 750.000 toneladas, un crecimiento del 60% respecto al 2024.
Y eso aplica exactamente igual para lo que llevamos del año 2026. Sigue siendo el mercado nacional el principal destino de nuestra producción, cerca del 70% se queda, pero las exportaciones son importantísimas. Este año seguimos creciendo en producción. En el primer cuatrimestre, crecimos un 3%.
¿Y el biodiesel?
Los biocombustibles de primera generación llevan siendo parte de este sector casi 20 años, porque es un mercado absolutamente clave. Al año demanda unas 700.000 toneladas de aceite crudo de palma. El año pasado, ese segmento tuvo una dinámica importante, creció 7%, que es un resultado importante en un mercado regulado, y tiene mucho que ver con mayor actividad económica.
Hacia adelante ese seguirá siendo un mercado importante para nosotros. Depende mucho de la voluntad, ya sería del próximo Gobierno, el aumentar las mezclas. Hoy en día, la mezcla está en el 10%.
¿Han conversado para que se aumente la mezcla?
Hemos tenido conversaciones dirigidas a aumentar la mezcla buscando descarbonizar el sector transporte. Ahí la variable crítica, es que el diésel está subsidiado y competir con un combustible subsidiado es muy difícil, pero fiscalmente se está volviendo insostenible.
Si llegan a desmontar el subsidio, los biocombustibles y el biodiésel en particular se volverían muy atractivos porque ya no encarecería la mezcla y, en cambio, reducirían su huella de carbono. Estamos pendientes, pero tendremos que esperar al nuevo Gobierno.
¿Y el SAF?
En el caso colombiano, Ecopetrol ya hizo pruebas de producción de estos combustibles a partir de aceite de palma colombiano, y estamos esperando que sea incluido en una lista cerrada que tiene la Organización Internacional de Aviación Civil, que son las materias primas que aceptan para producir estos combustibles.
Llevamos tres años en el proceso que ha sido técnicamente muy dispendioso, porque toca demostrar que la materia prima reduce la huella de carbono. Estamos esperando que en el transcurso del segundo semestre se confirme esa inclusión, y a partir de ahí se abriría un nuevo mercado para conocer.
¿Exactamente en qué etapa de la inclusión están?
Estamos en la etapa final. Toda la parte del estudio de análisis de ciclo de vida en la palma colombiana, que financió el Banco Mundial, ya está listo. En agosto del año 2025, la Aerocivil formalmente le solicitó a la organización evaluar el caso del aceite de palma colombiano.
En abril ya el órgano técnico de la OACI hizo la recomendación de incluir el aceite de palma colombiano, y nos falta la última parte, que es como la plenaria de ese órgano, que es una etapa un poco más política, con un soporte técnico muy fuerte. Creemos que ya estamos llegando finalmente a la etapa final del proceso.
¿Qué retos ven en materia de sostenibilidad?
El primer reto que puede sonar un poco irónico es la decisión de la Unión Europea de posponer la entrada en vigor de la directiva de deforestación (Pacto Verde Europeo). Nosotros habíamos hecho un esfuerzo tan grande para estar listos y creíamos que eso nos iba a dar una oportunidad de algunos mercados del bloque. En el fondo, no nos ha beneficiado que hayan pospuesto ya dos veces la entrada en vigor de esa norma.
Seguimos viendo que la Unión Europea va avanzando a un ritmo distinto. Políticamente, considero que ha cambiado un poco el tema en Europa, seguramente, por la llegada de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos, donde los temas de sostenibilidad pasaron a otro plano de la agenda.
¿Cómo se preparan para El Niño?
A diferencia con otros cultivos, el efecto de El Niño en nuestro caso difícilmente es inmediato, excepto cuando son extremadamente fuertes. En Palma, se tiende a ver 18 meses después de que se presenta el fenómeno.
Nuestro centro de investigación, Cenipalma, ha venido investigando, en términos generales, cuáles son las prácticas que mejor ayudan a enfrentar los retos asociados con las sequías y no solo derivadas de ‘El Niño’. La primera de ellas es fomentar la cobertura de los suelos, una segunda práctica es aplicar materia orgánica al suelo.
Y la tercera, es la optimización del sistema de riego, usando tecnologías de mucha mayor precisión, que consuman menos agua. Pero en la palmicultura colombiana, solo el 20% del área tiene infraestructura de riego, la mayoría de nuestra palma simplemente aprovecha el agua lluvia.
¿Qué expectativas tienen con el congreso palmero?
Este año tenemos la elección de la junta directiva de nuestro fondo parafiscal, que para nosotros es muy significativa. Hay unas reglas nuevas que sacó el Ministerio de Agricultura en noviembre del año pasado y estamos en ese proceso de hacer unas elecciones bajo esas nuevas reglas.
Este es un buen momento para resaltar nuevamente las diferenciaciones y los atributos de la palma colombiana, el modelo de inclusión de pequeños productores y de sostenibilidad, y por esa vía, lograr que en el próximo Plan Nacional de Desarrollo la palma juegue un papel preponderante en el desarrollo del campo.
Diana K. Rodríguez T.
Periodista de Portafolio
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Nota publicada: 06.05.2026




