Por:
Andrea Zabala-Quimbayo, Asistente de Investigación, Geomática, Cenipalma
Osmar R. Barrera Agudelo, Asistente de Investigación, Geomática, Cenipalma
Carlos R. Bojacá Aldana, Líder del Área de Geomática, Cenipalma
1. Lo que está indicando el océano Pacífico ecuatorial
El Fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) es el principal modulador del clima del planeta a escala interanual. En su fase cálida, conocida como El Niño, las aguas del Pacífico tropical central y oriental presentan un un calentamiento anómalo que debilita los vientos alisios del este y altera la distribución de lluvias y temperaturas en distintas regiones del mundo.
Para su monitoreo, el indicador más utilizado es el Índice Oceánico El Niño (ONI, por sus siglas en inglés), el cual mide las anomalías de la temperatura superficial del mar (TSM) en la región Niño 3.4 del océano Pacífico, ubicadas entre los 5°N–5°S y 170°O–120°O. Cuando esa anomalía supera +0,5 °C durante al menos cinco trimestres consecutivos, se declara técnicamente la condición El Niño.
Actualmente, los modelos de predicción climática más avanzados proyectan anomalías de temperatura superficial del mar de hasta +3,0 °C en el Pacífico ecuatorial para el trimestre octubre–noviembre de 2026, lo que refuerza la probabilidad de consolidación de este fenómeno climático.


Para comprender la magnitud del evento proyectado, es importante tener en cuenta que el calentamiento global ya alcanza aproximadamente +1,3 °C por encima de los promedios históricos registrados. Esto implica que los fenómenos climáticos actuales se desarrollan sobre una base térmica más elevada, con mayor acumulación de energía y efectos cada vez más intensos.
Desde 2004, los desastres asociados al clima han provocado la muerte de más de 500.000 personas en el mundo. En este contexto, El Niño 2026 podría convertirse en uno de los eventos más intensos de las últimas tres décadas, con impactos significativos sobre la disponibilidad hídrica, la agricultura y los ecosistemas.
2. ¿Por qué Colombia es especialmente sensible al ENOS?
Colombia es uno de los países donde la señal del fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) se manifiesta con mayor intensidad. Esta alta sensibilidad climática responde, principalmente, a cuatro factores estructurales:
- Posición geográfica: se ubica en la zona ecuatorial, bajo la influencia directa de la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), considerada uno de los principales motores de lluvias tropicales. Durante los eventos de El Niño, el debilitamiento de la circulación de Walker provoca que la ZCIT se desplace hacia el norte, generando déficits hídricos en gran parte de las regiones Andina y Caribe.
A este comportamiento se suma la influencia de la Oscilación Madden-Julian (MJO, por sus siglas en inglés), un modulador climático que impacta principalmente las regiones Pacífica, Andina y Caribe mediante ciclos de desplazamiento de entre 30 y 60 días. Su dinámica funciona como un “interruptor climático”: en su fase convectiva, caracterizada por el ascenso del aire, favorece la formación de lluvias; mientras que en su fase subsidente, asociada al descenso del aire, predominan condiciones más secas y un incremento de las temperaturas.
- Los caudales disminuyen más rápido que las lluvias: debido a las características de los suelos y cuencas hidrográficas del país, el déficit de agua disponible en los ríos suele ser proporcionalmente mayor que la reducción de las precipitaciones. Existen registros que evidencian que una disminución del 30 % en las lluvias puede traducirse en caídas superiores al 40 % en los caudales.
Esta situación representa un riesgo importante para los sistemas de riego y para el abastecimiento hídrico de las plantas de beneficio,
- Heterogeneidad regional: el impacto del ENOS no se manifiesta de manera homogénea en todo el territorio nacional. Mientras regiones como Urabá podrían enfrentar sequías severas, zonas como Tumaco podrían registrar excesos de precipitación. De igual manera, aunque los Llanos Orientales podrían mantener lluvias cercanas a los promedios históricos, el piedemonte llanero podría experimentar excedentes hídricos de hasta un 40 %.
Desconocer estas diferencias regionales constituye uno de los errores más costosos para los productores de palma de aceite en Colombia, ya que las estrategias de manejo deben responder a las condiciones climáticas específicas de cada zona.
- Un contexto climático ya deficitario: las precipitaciones recientes en varias regiones del país se han mantenido por debajo de los valores normales. Esto significa que el posible fenómeno de El Niño 2026 no llegaría sobre condiciones climáticas estables, sino sobre territorios que ya presentan déficits hídricos acumulados.
3. Lo que nos enseña la historia climática del ENOS en Colombia
Los registros históricos permiten comprender la magnitud de las afectaciones que el fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) ha generado en Colombia y constituyen una referencia clave para anticipar riesgos y fortalecer la preparación del sector palmicultor. Tres eventos recientes marcan especialmente este contexto climático:
- El Niño 1997–1998: este fue considerado el evento de El Niño más intenso del siglo XX. En Colombia se registraron déficits de precipitación superiores al 50 % en el eje cafetero y en algunas zonas palmeras del Caribe, mientras que los caudales de varios ríos disminuyeron más del 40 %.
Los impactos no solo se evidenciaron durante el desarrollo del fenómeno. Debido al ciclo fisiológico de respuesta de la palma de aceite, las reducciones en la producción se prolongaron entre 12 y 18 meses después de finalizado el evento climático, afectando la productividad y la planificación operativa de las plantaciones.
- El Niño 2015–2016: este episodio confirmó que en el Pacífico colombiano El Niño no siempre está asociado a sequías. En Tumaco se registraron excedentes hídricos superiores al 60 %, temperaturas superficiales del mar entre +2 y +3 °C por encima de lo normal y aumentos del nivel del mar de entre 20 y 40 centímetros.
En esta región, los productores enfrentaron encharcamientos prolongados, incrementos en la presencia de insectos plaga y afectaciones significativas en la infraestructura de las plantaciones. Además, los efectos sobre los cultivos se extendieron hasta 2,6 años después de la finalización oficial del fenómeno.
En contraste, durante el mismo periodo, las zonas palmeras de Urabá, Caribe y Santander experimentaron déficits hídricos de entre 30 % y 50 %. Este comportamiento evidenció cómo un mismo evento climático puede generar consecuencias completamente opuestas según la región del país.
- La Niña 2010–2011: la fase fría del ENOS también ha demostrado tener efectos severos sobre Colombia. Entre 2010 y 2011 se registró uno de los mayores desastres hidrometeorológicos de las últimas décadas, con pérdidas económicas cercanas a los 7.800 millones de dólares, alrededor de cuatro millones de personas afectadas y más de 800.000 hectáreas agrícolas inundadas.
Las zonas palmeras de la Costa Caribe y los Llanos Orientales sufrieron inundaciones de gran magnitud que, en algunos casos, llegaron a paralizar las actividades productivas y logísticas del sector.
4. Una ventana de oportunidad para actuar desde ahora
La señal de alerta llegó con suficiente anticipación y Cenipalma cuenta con estrategias de manejo del cultivo muy bien documentadas para hacer frente a esta situación. Recuerde consultar la información disponible en las publicaciones de El Palmicultor y el Centro de Información y Documentación Palmero (CID Palmero)
Adicionalmente, Cenipalma cuenta con PalmaData, una plataforma web interactiva que centraliza, comparte y divulga herramientas basadas en sistemas de información para apoyar la toma de decisiones del sector palmicultor. Su propósito es facilitar el acceso a información técnica y climática de valor estratégico para productores, técnicos y empresas del sector.
Actualmente, PalmaData dispone de módulos específicos relacionados con el ENOS, entre ellos el seguimiento al índice ONI, el monitoreo semanal de la anomalía de la temperatura superficial del mar (TSM) y el pronóstico de anomalías para los próximos meses, basado en la pluma de modelos del International Research Institute for Climate and Society (IRI).
La plataforma también integra el módulo de Escenarios de Cambio Climático, construido a partir de la Cuarta Comunicación Nacional del IDEAM, con proyecciones climáticas para las zonas palmeras entre 2025 y 2050. Asimismo, incorpora el módulo de Pronóstico del Tiempo, que presenta variables meteorológicas para Colombia a seis días mediante el portal Windy.
De igual manera, los usuarios pueden consultar el módulo de Publicaciones Agroclimáticas, el cual reúne boletines agroclimáticos de las Mesas Técnicas, alertas emitidas por entidades competentes y publicaciones técnicas desarrolladas por Cenipalma para fortalecer la gestión climática y la preparación del sector frente a eventos extremos.

5. ¿Dónde informarse y qué evitar?
Para apoyar la toma de decisiones agronómicas frente a la variabilidad climática, es fundamental acudir a fuentes oficiales y técnicamente validadas. En Colombia, el Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales) es la autoridad encargada del monitoreo y análisis de las condiciones meteorológicas y climáticas del país.
A través de sus reportes y comunicados, el IDEAM utiliza categorías técnicas precisas sobre el estado del fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS), sustentadas en datos observacionales y modelos científicos reconocidos internacionalmente.
En contraste, en redes sociales y plataformas digitales suele circular información con términos como “súper El Niño” o titulares alarmistas que no corresponden a categorías técnicas oficiales. Este tipo de contenidos puede sobredimensionar los riesgos, generar desinformación y provocar incertidumbre innecesaria entre los productores y actores del sector agropecuario.
Por esta razón, Cenipalma recomienda consultar permanentemente fuentes oficiales, herramientas técnicas especializadas y plataformas de monitoreo confiables para tomar decisiones oportunas y basadas en evidencia científica.
6. Certezas para no perder de vista
En medio de la incertidumbre propia de la variabilidad climática, existen elementos que el análisis científico permite establecer con un alto nivel de confianza para Colombia y sus zonas palmeras:
- El fenómeno El Niño–Oscilación del Sur (ENOS) constituye la principal fuente de riesgo climático sistemático y predecible para el país. Aunque no es el único factor de riesgo, sí es el que ofrece mayores capacidades de monitoreo anticipado y preparación para el sector productivo.
- La señal de alerta para 2026 es sólida. Actualmente, los modelos climáticos estiman un 82 % de probabilidad de inicio del fenómeno entre mayo y julio de 2026, así como un 96 % de probabilidad de persistencia hasta febrero de 2027. Este nivel de anticipación y confianza supera el observado en eventos anteriores.
- Los antecedentes históricos evidencian la magnitud de los impactos potenciales. Durante el evento de 1997–1998 se registraron reducciones cercanas al 40 % en los caudales, mientras que en 2015–2016 algunas regiones presentaron déficits de precipitación entre 30 % y 50 %. Estos escenarios no son hipotéticos: ya ocurrieron y podrían repetirse bajo determinadas condiciones climáticas.
- La señal del ENOS no se manifiesta de manera uniforme en Colombia. Por esta razón, implementar estrategias generales sin considerar las particularidades regionales puede resultar tan riesgoso como no actuar.
- La adaptación climática dejó de ser una opción y se convirtió en una necesidad para el sector palmicultor. La ventana de acción para reducir los posibles impactos proyectados hacia octubre y noviembre de 2026 comenzará a cerrarse en los próximos meses, por lo que la preparación temprana será determinante para las plantaciones.
7. El momento de actuar es ahora
- Los productores de palma de aceite que enfrentaron los eventos ENOS de 1997–1998, 2010–2011 y 2015–2016 no contaron con sistemas de alerta y capacidades de predicción climática tan anticipadas como las disponibles actualmente. Hoy, el sector dispone de información técnica y científica suficiente para prepararse y reducir los posibles impactos sobre la producción y la sostenibilidad de las plantaciones.
- El sector palmero colombiano ha construido durante décadas un importante conocimiento técnico y científico alrededor del manejo agronómico y la variabilidad climática. En este contexto, Cenipalma pone a disposición de los productores herramientas de monitoreo, estrategias de manejo, fuentes especializadas de información y personal técnico capacitado para acompañar los procesos de preparación y adaptación
- El Niño 2026 no determina por sí solo el nivel de afectación sobre los cultivos. La magnitud de su impacto dependerá, en gran medida, de la capacidad de anticipación, preparación y respuesta que adopte cada plantación desde ahora.

