Hace dos décadas, Cleo Lara tomó una decisión que transformaría su proyecto de vida y el de su familia. Tras varios años dedicados a la docencia, encontró en la palmicultura un camino para crecer, progresar y construir un legado que hoy continúa a través de sus hijas.
Su vinculación al sector palmicultor inició en 2005, cuando estableció la plantación “Los Chilacos”, ubicada en el municipio de Villanueva, Casanare. Con 17 hectáreas de palma de aceite, Cleo dio los primeros pasos de un proyecto productivo motivado por su conexión con el campo y por el anhelo de brindar a sus hijas oportunidades de formación, estabilidad y futuro.
La palma ha transformado mi vida porque me ha dado varias oportunidades: poder educar a mis hijas, crecer como familia y salir adelante.
Un proyecto que nació de la unión y la visión compartida
En sus inicios, existía la percepción de que la palmicultura en la región estaba únicamente para grandes cultivadores. Sin embargo, en 2005, Cleo Lara se vinculó a la Corporación Corpalvilla junto a otros 14 palmicultores de pequeña escala, quienes decidieron incursionar en este renglón de la agricultura y apostarle a un cultivo que comenzaba a mostrar importantes oportunidades para los pequeños productores.
De esta iniciativa surgió una corporación que no solo fortaleció la economía de las familias vinculadas, sino que también promovió el aprendizaje colectivo en aspectos clave como el manejo integrado de plagas, la sostenibilidad ambiental, las buenas prácticas agrícolas, la estabilidad económica y la gestión eficiente del cultivo.
Cada día aprendemos algo nuevo. Este es un cultivo que exige disciplina, constancia y visión de futuro. La motivación siempre ha sido seguir adelante.
Relevo generacional, un legado que continúa
Uno de los mayores orgullos de Cleo Lara es ver cómo sus hijas han decidido seguir su camino en la agroindustria. Desde temprana edad han estado vinculadas al cultivo y hoy participan activamente en el manejo y las labores de la plantación.
Me siento muy contento y orgulloso al ver que mis hijas se vinculan con este proceso. Siento que mi trabajo ha dado frutos y que ellas continuarán con este proyecto familiar.
Su historia evidencia que la palmicultura no solo representa una alternativa económica, sino también una herramienta para fortalecer la permanencia de las nuevas generaciones en el campo, promover el arraigo rural y consolidar modelos productivos sostenibles.
La palmicultura como oportunidad de vida
Para Cleo Lara, la transición de la docencia a la agricultura fue un acto de valentía y convicción. Tras su jubilación, decidió dedicarse de lleno al cultivo de palma de aceite, en el que con el paso del tiempo encontró una fuente de estabilidad, progreso y orgullo.
Su experiencia refleja el potencial transformador de la palmicultura en Colombia, un sector que ha abierto oportunidades para miles de familias, especialmente pequeños productores, quienes han encontrado en este cultivo una alternativa digna, productiva y sostenible.
Una historia que inspira al sector palmero
La historia de Cleo Lara es de esas que conectan con el corazón del campo colombiano: esfuerzo, unión familiar, visión y relevo generacional. En la plantación “Los Chilacos”, la palma de aceite no es solo un cultivo; es un proyecto de vida que ha permitido construir futuro y fortalecer la identidad de una familia que continúa creciendo junto a la agroindustria palmera.




