miércoles, 17 de diciembre de 2025 - ISSN en línea 2744-8274

Desafíos fitosanitarios de la palma de aceite: respaldo científico a la medida

Desafíos fitosanitarios de la palma de aceite
Foto: Cenipalma

*Edición #14, septiembre 2025

A lo largo de la historia del cultivo de la palma de aceite en Colombia, plagas y enfermedades han puesto en riesgo el negocio. Para evitarlo, Ahí ha estado y seguirá estando Cenipalma.

El nombre Strategus jugurtha no es el más popular entre los palmicultores. Se trata de un pequeño escarabajo que adquirió el estatus de plaga emergente en el cultivo de palma de aceite, y que se hizo notar en la Zona Oriental, hace cerca de tres años.

Su parecido con Strategus aloeus, del que, a primera vista y sin detenerse en detalles, parece gemelo, solo que mucho más pequeño, puede confundir al palmicultor. Por eso es importante tenerlo en el radar para saber cómo actuar ante su presencia y evitar que se convierta en un problema de importancia económica.

Se trata de un barrenador cuya predilección gastronómica está dada en las plántulas de vivero y en los cultivos recién establecidos: bulbo y follaje son sus principales fuentes de alimento. Hembras y machos lesionan por igual y pueden ocasionar la pérdida de las palmas en las que se hospedan. Su accionar amerita, al igual que el de cualquier plaga, observación, investigación y planes de manejo puntuales.

Desafortunadamente, este no es ni será el último dolor de cabeza de los palmicultores en materia fitosanitaria, pero, al igual que ha ocurrido con las plagas y enfermedades que le antecedieron, esta plaga también está siendo juiciosamente investigada por la Corporación Centro de Investigación en Palma de Aceite, Cenipalma, para brindarles a los productores soluciones a la medida.

Igual ha venido ocurriendo desde hace más de cuatro décadas con enfermedades como la marchitez sorpresiva, MS, que puso en jaque el negocio en las zonas Central y Oriental, a comienzos de los ochenta; el anillo rojo, AR, que afectó especialmente al Cesar, en la Zona Central, por la misma época; la pudrición del cogollo, PC, que les hizo la vida a cuadritos a los palmicultores de la Zona Oriental, desde 1985 y por una década; y la marchitez letal, ML, cuyos niveles de afectación, aunque persisten, ya no son tan alarmantes como lo fueron hace 15 años, también en la Zona Oriental, según lo explica el coordinador nacional de manejo fitosanitario (E), Juan Pablo Tovar Molano.

En ese panorama, quizá la más dura y de un gran impacto no solo económico sino social ha sido la PC, que les ha sacado canas y años de trasnocho a los investigadores de Cenipalma, y ha agrietado gravemente el bolsillo de muchos palmicultores, especialmente de Tumaco, Nariño; Puerto Wilches, Santander; Cantagallo, Bolívar; varios municipios del Magdalena y del Norte del Cesar.

Hoy es posible decir que la PC se mantiene como un fuerte riesgo, sin embargo, es manejable y superable. Eso sí, se requiere mucho trabajo, conocimiento e inversión, enfatiza Tovar.

El cultivo ha estado siempre bajo riesgo fitosanitario, siempre ha habido amenazas que han venido siendo superadas, pero luego de cada superación llega otro patógeno, otra plaga que se adapta y se convierte en una nueva amenaza.

Juan Pablo Tovar Molano, coordinador nacional de manejo fitosanitario (E)

Las 600.000 hectáreas de palma en Colombia, las renovaciones y la expansión del cultivo ofrecen un sustrato de alimentación perfecto para el establecimiento de insectos y microorganismos. Plagas como Strategus aloeus lo aprovechan, encuentran el caldo de cultivo perfecto para mantenerse y reproducirse.

Integración en beneficio del sector

El Sistema Integrativo de Gestión Fitosanitaria busca mejorar el estatus sanitario de la palma de aceite en Colombia mediante la articulación de actores, instituciones y productores.

Se fundamenta en acuerdos estratégicos, en el desarrollo e implementación de tecnologías para el manejo fitosanitario de enfermedades y plagas, en el fortalecimiento técnico y la comunicación efectiva del riesgo fitosanitario. Todo lo anterior con el propósito de ofrecer respuestas oportunas y sostenibles frente a los riesgos que afectan al cultivo.

La estrategia prioriza la colaboración interinstitucional y la participación de los productores y tomadores de decisión, lo que asegura intervenciones pertinentes y eficaces. También establece un monitoreo permanente de las acciones para garantizar su impacto y realizar los ajustes necesarios, de modo que se consolide como un sistema dinámico que aporta sostenibilidad y productividad a la agroindustria de la palma de aceite.

Manejo de la pudrición de bases peciolares en cultivares híbridos OxG. Foto: Ángela Neira. Cenipalma.

Pudriciones de todos los tipos

Las pudriciones de estípite también están ocupando lugar especial en la agenda fitosanitaria. Con el avance de las generaciones de palma, los microorganismos capaces de descomponer lignina y degradar el estípite aumentan su capacidad de volverse patógenos y se convierten en problemas complejos.

Aquí, lo más grave, es que no se trata de una enfermedad, sino de un complejo de enfermedades causadas por hongos y bacterias que dañan los estípites y en donde el manejo depende del microorganismo específico del que se trate.

En el caso de la pudrición basal del estípite, generada en Colombia por el hongo Ganoderma zonatum, cuando este se presenta no hay forma de salvar la planta. Solo procede eliminar y desinfectar los tejidos, el suelo y el área donde se encontraban las palmas afectadas para controlar los focos y evitar que se siga dispersando.

La pudrición húmeda, por el contrario, es responsabilidad de una bacteria. También, en este caso, el manejo implica la eliminación de la palma afectada. Hay, sin embargo, otros microorganismos causantes de pudriciones de estípite que sí permiten salvar la palma a partir de la remoción de los tejidos podridos y la aplicación de una pasta cicatrizante.

Además de las pudriciones basal y húmeda, está la seca y la de bases peciolares, esta última es novedosa y tiene total predilección por los cultivares híbridos interespecíficos OxG, aquellos que llegaron para darle un respiro, como alternativa, a quienes cargaban con el peso de la PC.

Decisión 1 – Prevención

Las problemáticas fitosanitarias, además de ser muy complejas, son multifactoriales, y por ende no pueden ser tratadas de una manera simplista.

“No hay un solo factor con el que se puedan manejar, como tampoco una acción exclusiva que permita ponerles fin: se requiere un sistema integrativo de gestión fitosanitaria para superarlos”, explica Tovar.

Incluso, en el caso de los cultivares híbridos OxG, si bien son un gran recurso contra la PC, está visto que, como cualquier cultivar, también requieren estrictos cuidados fitosanitarios para que tengan el comportamiento que se espera.

De lo contrario, esta prometedora solución no podrá tener el rendimiento que verdaderamente ofrece.

La prevención: una ruta clara

Dos ejemplos dan claridad: la pudrición húmeda del estípite se favorece de siembras en terrenos con problemas de drenaje y excesos de humedad, mientras que la pudrición seca de estípite puede ser, entre otros factores, la consecuencia de ataques de Strategus aloeus en edad joven que, aunque haya sido prontamente controlado, dejó heridas en las raíces y en el bulbo, que con los años terminan afectando la palma.

Los patógenos responsables de las pudriciones se establecen y actúan así, de manera muy lenta, y son muy difíciles de tratar. Por lo tanto, en estos casos y en el de cualquier otra afectación fitosanitaria, estar alerta con los censos fitosanitarios y advertir oportunamente hallazgos para que sean abordados por los equipos técnicos y los investigadores, es la forma de preservar el cultivo de problemas mayores.

Decisión 2 – Reacción oportuna

Si algo ha permitido la supervivencia de la palmicultura como agronegocio próspero, es contar con respaldo oportuno. En el tema fitosanitario, la rapidez de reacción frente a la aparición de una nueva enfermedad o plaga resulta determinante.

Cuando se tienen claras las bases técnicas y científicas para enfrentar cualquier riesgo fitosanitario y, además, se actúa a tiempo, buena parte de la solución ya está encaminada.

Eso es lo que hace Cenipalma: investigadores que no se detienen y que trabajan para ofrecer alternativas que mantengan viable esta agroindustria, de modo que los riesgos endémicos y emergentes, aunque generen crisis, puedan llegar a ser manejados efectivamente.

Pudrición basal del estípite. Foto: Cenipalma

Decisión 3 – Adoptar con base en la investigación

El que los palmicultores cuenten con un centro de investigación como Cenipalma, enfocado en resolver, entre otros, los problemas fitosanitarios, que hace investigación práctica, aplicada y que no se limita a ser un repositorio de pensamiento, es una garantía para el futuro.

Y es que, los problemas técnicos no se resuelven solo con técnica, requieren una mirada holística que contemple las condiciones del entorno y la consolidación de un gran ecosistema. Cenipalma se ha convertido en gestor de ese ecosistema a través del Sistema Integrativo de Gestión Fitosanitaria.

Por eso es común ver la presencia y la gestión del Centro ante las entidades de regulación fitosanitaria, la banca, las autoridades nacionales y territoriales manteniendo una permanente, amigable y fluida comunicación con los palmicultores, pues, al fin y al cabo, la multifactorialidad del tema así lo exige.

Por último, es determinante la retroalimentación constante, ese flujo de comunicación y aprendizaje, la búsqueda de soluciones integrales y estar abierto a compartir y recibir conocimiento que generan terceros y que, posteriormente, es implementado, adaptado y llevado al campo.

En conclusión, los palmicultores deben saber que siempre surgirán nuevos retos en materia fitosanitaria, pero que también contarán con un Centro de Investigación que los seguirá apoyando para superarlos y fortalecer cada vez más este próspero negocio.


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