En Santander, entre surcos de palma y trabajo constante, se escribe la historia de María Tránsito Figueroa Pinto, una palmicultora que con 16 hectáreas de palma de aceite ha logrado sacar a su familia adelante, demostrando que cuando se hacen las cosas bien, el campo colombiano florece con esperanza y oportunidades.
“Vivo muy agradecida con Dios y con mi palma, porque de ahí pude sacar toda mi familia adelante”, expresa con emoción María Tránsito. Madre de dos hijos (uno ingeniero y la otra profesora), asegura que su cultivo ha sido el sustento diario que le permitió cumplir sueños familiares y construir un futuro digno. Hoy, sigue agradeciendo la posibilidad de aprender y mejorar, convencida de que el conocimiento es la base de un cultivo próspero y sostenible.
María Tránsito llegó a la palmicultura en el año 2002, cuando trabajaba en Palmas Oleaginosas Bucarelia S. A. S., Inició su camino desde el vivero, pasando por labores culturales como la aplicación de tusa en los platos, cosecha, recolección de racimos y frutos, rondas de Pudrición del cogollo (PC) y sanidad. Con esfuerzo y disciplina, conoció cada etapa del cultivo, entendiendo que la rentabilidad está directamente ligada a las buenas prácticas.
Sin embargo, su historia también ha estado marcada por los desafíos. La PC afectó su plantación y puso a prueba su fortaleza, pero la resiliencia fue más fuerte. “A pesar de las dificultades, sembré más palma”, cuenta, agradeciendo el respaldo constante de la empresa Palmas Oleaginosas Bucarelia, que le brindó aliento, acompañamiento y confianza para seguir adelante en los momentos más complejos.

Para María Tránsito, el acompañamiento técnico ha sido clave. Agradece profundamente a Fedepalma, Cenipalma y a su Núcleo Palmero por las capacitaciones y el seguimiento permanente. Considera fundamental aprender cada día y aplicar esos conocimientos en el campo, especialmente en prácticas como llevar el fruto limpio, sin pedúnculo y en su punto óptimo, garantizando una mejor producción y mayor eficiencia en la extracción de aceite. “Con el apoyo de Fedepalma puedo seguir aprendiendo para que mi cultivo sea próspero”, afirma con convicción.
Uno de los retos que enfrenta es la mano de obra, pues reconoce que muchos jóvenes ya no quieren trabajar en el campo. No obstante, ha encontrado en su familia un apoyo incondicional: sus hijos la acompañan y ayudan en las labores del cultivo, fortaleciendo el relevo generacional y el valor del trabajo rural.
Inspirada por su propia experiencia, María Tránsito invita a los palmicultores a vincularse a estos proyectos técnicos y formativos, convencida de que son beneficiosos y transforman vidas. “Haciendo las cosas bien, adoptando las mejores prácticas, la palma de aceite sí es un buen negocio”, asegura.
Su trayectoria, marcada por el trabajo arduo, la sostenibilidad y el liderazgo en su comunidad, la convierten en un referente del sector. Por ello, María Tránsito fue finalista en la categoría Mujer Palmera Emprendedora 2024, representando a la Zona Central y postulada por Palmas Oleaginosas Bucarelia S. A. S.
La historia de María Tránsito refleja el espíritu del sector palmero colombiano: resiliencia, aprendizaje constante y trabajo bien hecho. Un ejemplo de cómo el acompañamiento de la Federación y la adopción de buenas prácticas no solo fortalecen la productividad, sino que también transforman realidades, dignifican el campo y construyen futuro con raíces firmes en la palma de aceite.



