viernes, 9 de octubre de 2026 - ISSN en línea 2744-8274

Sembrar experiencia, cosechar futuro: la historia de Edgar Augusto Torres y su pasión por la palma de aceite

Sembrar experiencia, cosechar futuro: la historia de Edgar Augusto Torres y su pasión por la palma de aceite
Foto: Maribel Teatín García.

Después de más de tres décadas dedicadas al cultivo de palma de aceite en Colombia y Ecuador, Edgar Augusto Torres Pardo decidió convertir toda una vida de conocimientos y experiencia en un proyecto propio. Hoy, desde su finca de 23 hectáreas en Villavicencio, este mediano palmicultor sigue cultivando no solo palma, sino también sueños, legado familiar y desarrollo para su región. 

Para Edgar Torres, la palma de aceite no es simplemente un cultivo. Es una forma de vida que lo ha acompañado desde sus años de formación como ingeniero agrónomo egresado de la Universidad de los Llanos y durante más de 30 años de ejercicio profesional en distintas zonas palmeras de Colombia, incluyendo la Zona Norte, la Zona Suroccidental y la Zona Oriental, así como en Ecuador. 

Esa experiencia acumulada lo llevó a tomar una decisión que marcaría una nueva etapa de su vida: invertir sus ahorros y conocimientos en una finca propia para continuar vinculado al cultivo que tanto le apasiona. 

En 2009 estableció 23 hectáreas de palma de aceite con material Elaeis guineensis en Villavicencio, convencido de que la mejor manera de seguir aportando al sector era aplicando en campo todo aquello que había aprendido durante décadas. 

La palma ha sido mi experiencia de vida. Trabajé toda la vida en este cultivo y quería seguir vinculado a él, aplicar los conocimientos adquiridos y continuar con esta pasión por el resto de mis años.

Una apuesta por el desarrollo y la transformación

A lo largo de los años, Edgar ha sido testigo de cómo la palma de aceite ha contribuido a transformar territorios, generar oportunidades y mejorar la calidad de vida de miles de familias rurales. 

Por eso, hablar de palma para él es hablar de progreso. 

La palma de aceite transforma vidas, transforma regiones. En lugares donde antes había pocas oportunidades, hoy existe desarrollo, empleo y crecimiento para las comunidades.

Su experiencia como productor le ha permitido comprobar que se trata de un cultivo resiliente y generoso, capaz de responder al esfuerzo y al compromiso de quienes trabajan la tierra con dedicación.

Actualmente, además de continuar fortaleciendo su plantación, contempla la posibilidad de sembrar materiales híbridos, una iniciativa que refleja su interés permanente por innovar y seguir aprendiendo. 

Foto: Maribel Teatín García

El valor de pertenecer a un gremio fuerte

Como afiliado a Fedepalma, Edgar reconoce la importancia de contar con una organización sólida que represente los intereses del sector ante escenarios nacionales e internacionales. 

Para él, el respaldo gremial ha sido fundamental para fortalecer la competitividad de los productores y promover el desarrollo sostenible de la agroindustria. 

Hay que apoyar a la Federación. Está haciendo una gran labor respaldando a los palmicultores ante las entidades nacionales e internacionales. Además, ofrece acompañamiento técnico, capacitaciones y apoyo para mejorar nuestros cultivos.

Su visión refleja el sentir de muchos productores que encuentran en la gremialidad una herramienta clave para afrontar los desafíos del sector y avanzar de manera articulada hacia un futuro más sostenible y competitivo.

Un orgullo que se cultiva todos los días

Cuando se le pregunta qué es lo que más le enorgullece de ser palmicultor, Edgar no duda en responder. 

Me enorgullece pertenecer a un gremio organizado, reconocido y con prestigio a nivel nacional e internacional. También me enorgullece que la palma sea un cultivo bondadoso, que responde al esfuerzo y que ha contribuido al desarrollo de las regiones y del país.

Ese orgullo se refleja en la dedicación con la que trabaja cada día y en la convicción de que la palma de aceite seguirá siendo una alternativa de desarrollo para miles de familias colombianas. 

Sembrar conocimiento para las nuevas generaciones

Además del legado productivo, Edgar destaca la importancia del relevo generacional en el campo. Padre de tres hijos profesionales en áreas como la medicina, la educación y la comunicación social, encuentra en ellos una muestra de cómo el trabajo y la dedicación han permitido construir oportunidades para su familia. 

Especialmente, reconoce en uno de sus hijos un espíritu emprendedor que lo motiva a seguir mostrando el potencial transformador de la agroindustria palmera y la importancia de vincular a las nuevas generaciones con el desarrollo rural. 

Para quienes desean incursionar en el cultivo, comparte un mensaje basado en su experiencia de vida: 

Mi consejo es asesorarse bien desde el comienzo y hacer las cosas correctamente. Cuando se trabaja con conocimiento y responsabilidad, los resultados llegan.

La historia de Edgar Augusto Torres Pardo es el reflejo de una vida construida alrededor de la palma de aceite. Una historia que demuestra cómo la experiencia, la pasión por el campo y el compromiso con el gremio pueden convertirse en motores de desarrollo para las familias, las comunidades y los territorios. Porque detrás de cada hectárea cultivada hay sueños, conocimiento y una profunda convicción de que la palma de aceite continúa transformando vidas y construyendo futuro para Colombia. 

Maribel Teatín García
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Analista de Comunicaciones Zona Oriental
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