Por:
Sherley Tatiana Gama Ávila, Analista de Nuevos Negocios de Fedepalma
Mónica Cuellar Sánchez, Gerente de Nuevos Negocios de Fedepalma
A finales de 2025, el Banco Mundial publicó un detallado informe denominado Combustible sostenible de aviación a partir de palma de aceite: desafíos y rutas para desarrollar la cadena de valor en Colombia, el cual explora la oportunidad de desarrollar un mercado verde para la cadena de valor de la palma de aceite del país mediante la producción de Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF, por sus siglas en inglés).
Este estudio concluyó que Colombia tiene el potencial de convertirse en 2050 en uno de los líderes de la región en la producción de SAF. Algunos de los hechos más relevantes que respaldan esta proyección son sus elevados estándares de producción y operación que hasta ahora posicionan a Colombia como el cuarto productor mundial de aceite de palma con 1,8 millones de toneladas de aceite de palma al año (Fedepalma, 2024), la expansión del área cultivada de palma de aceite que pasó de 259.751 ha en 2005 a 590.188 ha en 2021 y la implementación de la estrategia nacional de biocombustibles desde 2008, que generó un aumento significativo en la demanda de biodiésel y ubicó al aceite de palma como la principal materia prima. Al respecto, cabe destacar que la producción de biodiésel en Colombia se triplicó entre 2009 y 2020 al alcanzar las 580.000 toneladas.
Al igual que en la industria del biodiésel, el aceite de palma puede ser una materia prima clave para el SAF, siempre que cuente con certificaciones de sostenibilidad adecuadas y salvaguardas contra la deforestación. Adicionalmente, los residuos de la palma de aceite, como los racimos de fruta vacíos (tusas) y los efluentes de las plantas de beneficio (POME), representan un mayor de reducción de gases de efecto invernadero (GEI).
Con el fin de escalar la producción y el uso de SAF, en consonancia con los objetivos de transición energética de Colombia, los esfuerzos globales de descarbonización, así como los planes de desarrollo rural y agrícola nacionales, el informe del Banco Mundial presentó una trayectoria estratégica para el desarrollo de una industria de SAF en el país, con énfasis en la región de la Orinoquía. La ruta propuesta incluye acciones de corto, mediano y largo plazo necesarias para el cumplimiento de este propósito.
Esta nota es la primera de un especial de cinco entregas que resumirán los aspectos más relevantes de las secciones que conforman este informe, en los que un grupo de expertos del Banco Mundial analizó de manera organizada y estructurada todas las variables que pueden conducir a Colombia a un lugar destacado de la producción de SAF en América.
Los temas de estas notas son: contexto; principales actores y procesos de una industria potencial de SAF en Colombia; principales oportunidades y desafíos para el desarrollo de la industria, ciclo de vida, y rutas para el desarrollo de la industria de SAF en Colombia.
Contexto del potencial de Colombia como productor líder de SAF
En 2022, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) adoptó el objetivo de alcanzar emisiones netas cero (Net Zero) para 2050 y aprobó el Esquema de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA, por sus siglas en inglés). Una de las alternativas para lograr la meta es reemplazar el combustible de aviación convencional por una opción baja en emisiones la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) determinó que el SAF es capaz de reducir las emisiones de GEI de este sector hasta en un 80%.
Con la finalidad de fomentar una producción sostenible, la OACI estableció un conjunto de criterios de sostenibilidad (CORSIA) para garantizar que la producción de SAF, además de reducir las emisiones de GEI en comparación con los combustibles fósiles convencionales, minimice cambios en el uso del suelo, agotamiento y/o estrés del recurso hídrico, afectación de la biodiversidad, la competencia con la producción de alimentos y los impactos negativos sobre los derechos humanos y las comunidades locales. Los expertos concluyen que con certificaciones de sostenibilidad adecuadas y salvaguardas contra la deforestación, el aceite de palma puede convertirse en una materia prima clave para la producción de SAF.
En Colombia, el sector palmero ha venido implementando estrategias para garantizar que el aceite de palma se produzca de manera sostenible, lo cual marca una notable diferencia con otros países productores de aceite. Además, desde más de 15 años se produce biodiésel de palma, a la fecha del estudio el país cuenta con una capacidad instalada de producción de biodiésel de 844.000 toneladas, lo que subraya su papel central dentro del sector de biocombustibles en el mercado interno.
Las rutas propuestas para el desarrollo del SAF en este estudio refuerzan la necesidad de adoptar el Marco del Grupo Banco Mundial, al tiempo que destacan el cumplimiento del estándar CORSIA, el Acuerdo de Cero Deforestación de la Palma de Aceite en Colombia y otras certificaciones de sostenibilidad, como la RSPO (Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible).
La incorporación de estas certificaciones y de otras salvaguardas sociales y ambientales en los costos de producción ya no es opcional, sino que es un requisito indispensable para acceder y mantener una posición en el mercado.
La Orinoquía, región en la que se concentra este estudio del Banco Mundial, concentra cerca de la mitad del área cultivada con palma de aceite del país (278.512 ha), aunque esta superficie representa apenas el 1,79 % de la frontera agrícola regional, estimada en 15,5 millones de hectáreas. De las áreas sembradas en la Orinoquía en 2021, 216.672 ha se encontraban en producción y 61.841 ha, en fase de desarrollo. Entre 2017 y 2021, la región registró un incremento promedio anual de 12 mil hectáreas en el cultivo de palma de aceite. El rendimiento promedio de racimos de fruta fresca (RFF) en la Orinoquía durante este periodo fue de 16,56 t/ha, mientras que el promedio del rendimiento de aceite de palma crudo (APC) fue de 3,72 t/ha, ligeramente por encima del promedio nacional de 3,45 t/ha.
El desarrollo del SAF en Colombia, en definitiva, representa una oportunidad estratégica no solo para contribuir a los objetivos climáticos globales, sino también para promover el desarrollo rural, la generación de empleo y la diversificación productiva en regiones como la Orinoquía. No obstante, este potencial solo podrá materializarse mediante una planificación adecuada, una coordinación efectiva entre actores públicos y privados, y la adopción de políticas que garanticen sostenibilidad ambiental, viabilidad económica y aceptación social.


