martes, 10 de marzo de 2026 - ISSN en línea 2744-8274

Claudia Julieth Sevillano Pascal: resistencia y relevo generacional en la palmicultura de Tumaco, Nariño

Claudia Julieth Sevillano Pascal: resistencia y relevo generacional en la palmicultura de Tumaco, Nariño
Foto: Estefany Aristizábal Bedoya

Si Claudia Julieth Sevillano Pascal pudiera definir la palmicultura en una sola palabra, elegiría resistencia. Y no lo dice desde la teoría, sino desde la experiencia de haber crecido entre cultivos, cosechas y jornadas de trabajo en el campo.

Ser palmicultor —o hijo de uno— y pertenecer a este territorio es de mucho ‘perrenque’. Es estar, vivir y reconocer todo el esfuerzo que se hace desde el campo para mantenerse en esta línea productiva y llevar un mensaje de sostenibilidad. A veces se ha señalado este cultivo como algo que no es, pero yo, que soy hija de palmicultores y crecí aquí, creo que la palma es vida.

Ingeniera agroforestal y la mayor de tres hermanos, Claudia nació y creció en la finca La Bendición, ubicada en la zona suroccidental de Tumaco, Nariño. Allí, bajo la guía de sus abuelos y padres, se forjó su vínculo con la palma de aceite y con el territorio. Entre surcos y labores agrícolas aprendió el valor de la disciplina, el trabajo constante y el compromiso comunitario. Hoy, esos principios son la brújula que orienta su camino profesional.

A sus 21 años, integra el área de Comunicaciones de la Asociación de Agricultores del Mira (Agromira) y, desde su formación agroforestal, acompaña también procesos técnicos en otras plantaciones de la región. Su apuesta es clara: aportar al desarrollo sostenible del Pacífico nariñense y convertirse en referente para otros jóvenes del territorio.

Me siento orgullosa de ser hija de palmicultores. Mis padres, Julio Sevillano Rodríguez y Claudia Pascal Rodríguez, me han enseñado a amar la tierra, a trabajar con pasión y, sobre todo, a servir.

De izquierda a derecha: Yani
Sevillano Pascal (hermana); Claudia Sevillano; Julio Sevillano Rodríguez (Padre); Claudia Pascal Rodríguez (Madre); y Andrés Sevillano Pascal (hermano). Foto. Cortesía.

Sin embargo, su camino no ha estado exento de desafíos. Además de enfrentar los retos propios de ser joven y mujer en el sector agropecuario, Claudia tomó una decisión que marcó su rumbo: permanecer en el territorio.

Creo que el mayor reto es decidir quedarme en el territorio. El mundo tiene muchas cosas para ofrecernos, pero quedarse en casa es un desafío cuando afuera hay grandes oportunidades. Echar raíces en mi hogar y no negar de dónde vengo no fue fácil.

Y agrega: “Existe la idea de que los jóvenes tenemos muchas oportunidades y lo que decidimos es irnos. Mi mayor desafío ha sido asumir esta batuta de empoderamiento y decir: ‘soy joven, soy del territorio y me quedo para aportar a mi comunidad’”.

Sostenibilidad: una mirada integral desde el territorio

Para Claudia, la sostenibilidad no es un concepto abstracto. Es una práctica cotidiana que integra lo ambiental, lo social y lo económico.

Desde su rol en Agromira y en su trabajo con los productores, impulsa la gestión responsable de residuos, el cuidado de los ecosistemas y la adopción de buenas prácticas agrícolas que protejan la salud del cultivo y fortalezcan la productividad.

Pero su visión va más allá del componente ambiental. Considera fundamental avanzar en la formalización laboral y en el fortalecimiento empresarial de las unidades productivas.

Cada unidad productiva es una empresa. Los trabajadores que pertenecen a ella deben estar asegurados bajo las normativas correspondientes para garantizar bienestar, tanto para ellos como para sus familias.

Por ello, motiva a los productores —sin importar el tamaño de su plantación— a reconocerse como empresarios y a asumir una postura activa en la construcción del desarrollo territorial.

Presente y futuro de una joven tumaqueña en el sector palmero

 

Foto: cortesía

De cara al futuro, Claudia se proyecta haciendo lo que más la inspira: servir a la comunidad palmera de Tumaco. Su propósito no solo está en la agroforestería, sino también en comunicarle al país el potencial que existe detrás de la palmicultura, el cacao y la riqueza productiva del Pacífico nariñense.

Al mismo tiempo, trabaja en el fortalecimiento de las seis hectáreas productivas de la finca La Bendición, base económica de su familia y Núcleo de su proyecto de vida.

En ese camino reconoce el respaldo de su familia, de la Asociación de Agricultores del Mira (Agromira) y el acompañamiento técnico-gremial de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (Fedepalma) y la Corporación Centro de Investigación en Palma de Aceite (Cenipalma).

Para Claudia, estar prestos —aun sin recibir nada a cambio— es una forma de compromiso con la comunidad. Su historia encarna el relevo generacional de la palmicultura en Tumaco y reafirma que el futuro del sector también se construye desde la juventud, el arraigo y el servicio al territorio.

Estefany Aristizábal Bedoya
54 Posts
Asistente de comunicaciones de Zona Norte
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