Entre sonrisas, gratitud y convicción, Celenys Carrascal resume su experiencia en la palmicultura con una frase sencilla pero contundente: “La palma de aceite es una bendición”. A sus 66 años, esta pequeña productora, integrante de la Asociación de Palmicultores Asopalmar en San Martín (Cesar), representa el impacto transformador que tiene este cultivo en la vida de quienes trabajan la tierra con dedicación y esperanza.
Su llegada a la palmicultura no estuvo en sus planes. Como ella misma lo relata, una oportunidad inesperada surgió cuando un vecino, que adelantaba un proceso de renovación en su cultivo, decidió no continuar. Fue entonces cuando Celenys asumió el reto de incursionar en esta actividad, que con el tiempo se consolidó como el eje de desarrollo para ella y su familia.
Madre cabeza de hogar, destaca que este cultivo ha sido determinante para mejorar su calidad de vida. Más allá de los ingresos, resalta los beneficios en bienestar, estabilidad y proyección futura, aspectos que hoy marcan un antes y un después en su historia.
Con profundo agradecimiento, señala que la palmicultura le permitió construir nuevas oportunidades: “Agradece a Dios la posibilidad de ser palmicultora y expresa su deseo de que más campesinos aprovechen esta opción productiva”, afirma.
La palma de aceite transforma, y ha sido una bendición porque ha cambiado mi calidad de vida, mi economía y mi entorno, porque genero empleo y ayudo a mi comunidad.
Uno de los logros que más valora ha sido garantizar la educación de sus hijos, un objetivo que considera alcanzable gracias a su trabajo en el cultivo. Este avance, según resalta, evidencia cómo la palmicultura contribuye al progreso de las familias rurales.
Asimismo, reconoce el acompañamiento de Fedepalma como un factor clave en su proceso. Destaca la asistencia técnica y los espacios de formación que han fortalecido sus capacidades productivas y le han permitido sentirse parte activa de un sector que promueve el conocimiento y la participación, especialmente entre los pequeños productores.
Finalmente, hace un llamado a mantener y fortalecer estos espacios de articulación, con el fin de que más palmicultores de pequeña escala continúen siendo vinculados a procesos de formación, diálogo y desarrollo sectorial.
La historia de Celenys Carrascal refleja la realidad de miles de productores en Colombia que han encontrado en la palma de aceite una alternativa para transformar sus vidas, consolidar sus proyectos familiares y contribuir al desarrollo sostenible del campo.

