Celia Mejía Torrijos es una mujer que irradia alegría y fortaleza por el campo colombiano. Desde 2003 se ha dedicado al cultivo de palma de aceite, una labor que asumió con determinación cuando su padre, debido a su edad, ya no pudo continuar al frente de las actividades de la finca. Celia, en compañía de su hermano, han tomado las riendas del predio familiar, cuidando de las 8,5 hectáreas de palma sembradas en su finca y otros cultivos transitorios, con el fin de salir adelante y garantizar su sustento.
Con una actitud emprendedora, aguerrida y perseverante, Celia se ha convertido en una líder de su comunidad y en una embajadora de la palmicultura en la Zona Norte. Para ella, cada jornada en el campo es una oportunidad para celebrar la vida, la tierra y las tradiciones que la identifican. Entre cantos folclóricos, anécdotas y sonrisas, encuentra la motivación para seguir cultivando no solo palma, sino también esperanza y bienestar para quienes la rodean.
Celia también ha sido una productora fiel a la Federación, participando activamente en espacios gremiales como los Diálogos Palmeros, jornadas de bienestar y otras actividades orientadas al fortalecimiento del sector. Además, comparte su experiencia con otros productores, motivándolos a sembrar palma de aceite y a vincularse a la Fedepalma, con el fin de que otros palmicultores puedan aprovechar los beneficios del trabajo gremial.
Conozca la historia de una mujer que, gracias a su resiliencia, esfuerzo y amor por el cultivo, ha logrado salir adelante, y que, gracias a la agricultura, afirma que este trabajo le ha permitido superarse, crecer como persona y compartir su bienestar con los que la rodean.

Estefany Aristizábal (E.A): señora Celia, hablemos un poco sobre su proceso con el sector palmero ¿Cómo fue esa vinculación y aproximadamente en qué fecha ocurrió?
Celia Mejía (C.M): yo inicié mi vinculación en el 2003 en el sector palmero cuando me di cuenta de que mi papá no podía seguir. Que ya las fuerzas de él no le daban para continuar con la palma, entonces me metí de lleno aquí con mi hermano; para entonces mi hermano trabajaba en una plantación, y ahora él me está ayudando con la finca. La estamos sacando adelante.
E.A: ¿Y desde que usted inició se enamoró de la palma?
C.M: sí, yo siempre le he tenido amor a la palma, porque a mí me gusta la palma. Yo hablo bien de la palma porque este es un cultivo que es agradecido. La palma es agradecida. Óigalo bien claro, es agradecida. A pesar de que ella está enferma, nos está dando qué comer. Nos está dando la mano. Nuestra palma se encuentra afectada por la enfermedad de la pudrición de cogollo (PC), todavía nos da de comer.
E.A: al estar tan agradecida con este cultivar y tenerle tanto amor, ¿qué es aquello que más le ha gustado o motivado?
C.M: siendo mujer pequeña campesina, para mí no hay nada mejor como este cultivo. No hay nada como la palma. Porque la palma tiene menos cuidado que otro cultivo. Hay que cuidarla, claro que sí, pero es menos delicada.

E.A: usted, es una enamorada y embajadora del sector palmero ¿Qué decirles a otras personas para que también se animen a cultivar?
C.M: Que siembren la palma, porque ese es el mejor cultivo. Exige menos. Por ejemplo, por aquí hay una muchacha que ella me dice que quiere meterse y sembrar 2 ha de palma. Ella me dice: “Celia, ayúdeme que quiero sembrar 2 ha de palma.” Porque ella ve que, con la palma, pues, puede hacer uno varias labores, como atender la palma y atender su casa o tener un trabajito adicional. Es que la palma nos deja tener un trabajito por fuera y también le sembramos pues otros cultivos de pancoger.
E.A: hablando un poco de ese llamado que usted hace a otras personas y mezclándolo con el relevo generacional, ¿cómo motiva usted a sus familiares, sobrinos o primos, para que se vinculen al sector palmero?
C.M: bueno, ellos casi no conviven tanto con la palma, pero también le tienen amor al sector, porque ellos vienen a darle vuelta. Tienen su trabajo por fuera y vienen aquí a la finca. Ellos también ayudan en las labores del campo.

E.A: señora Celia, me gustaría consultarle acerca de esas prácticas de sostenibilidad y el cuidado ambiente que usted imparte en su cultivar; considerando que Corpamag y Fedepalma le proporcionaron a su finca cerca de 300 árboles de cinco especies nativas.
C.M: sí. Gracias a esto estamos cuidando el medio ambiente. Porque el que siembra un árbol, siembra vida. Y así le vamos dando un futuro mejor a nuestra generación que son nuestros hijos, la juventud. Para que tengan un ambiente limpio, sano y feliz. Tenemos que cuidar más el medio ambiente. El mensaje que me gustaría dar a las personas para que también realicen estas prácticas, es que tengan sentido de pertenencia a la vida, porque así se puede cuidar el planeta. La naturaleza es vida. Con la palma podemos cuidar el medio ambiente. Las buenas prácticas son siempre sembrar árboles. Sembrar árboles y también aplicar el abono orgánico.
Otra práctica es cuidar el agua, porque el agua es vida y si no tenemos agua, pues tampoco tenemos cultivo. Entonces hay que cuidar el agua. Cada gota cuesta. El mensaje es que hay cuidar el agua. Botar menos agua, porque nosotros la necesitamos para el cultivo.
E.A: demás de ser una destacada productora palmera, usted también es una destacada cantautora ¿Cómo la han acompañado esos cantos y esas letras en su recorrido por el campo? Esto se lo pregunto porque sé que usted compone letras a la palma.
C.M: bueno, en el gremio palmero, como productora y como cantautora de bullerengue, he conseguido y he sentido ese apoyo incondicional con el sector palmero. El canto a mí me ha dado la fuerza en los días duros, pero también me ha dado alegría en las cosechas. Para mí la palma no es solo trabajo, es mi inspiración. Por eso le compongo cada vez que pueda, porque mi canto es mi fuerza. Yo canto, pues, como le digo, mientras camino voy cantándole al sol, le voy cantando al calor, a mis fuerzas.
Para mí el sector palmero y mi canto y mi talento de cantar, para mí lo es todo, es mi vida, es mi alegría, sin eso no sé qué sería de mi vida, porque eso me hace feliz.
Ir al campo, coger el machete, coger la pala, agarrar las hojas de la palma, hablarle, ahí me inspiro a una canción. Por eso le compuse una canción a mi querida palma, y siempre que estoy en una reunión, siempre menciono a nuestro cultivo, la palma de aceite.
Yo le canto a la palma por agradecimiento. A mí las letras me salen del mismo monte. Yo veo la palma moverse con la brisa de la zona, y ahí mismo me baja el verso.
E.A: Finalmente, señora Celia, ¿cómo el sector palmero ha transformado su vida?
C.M: la palma me transformó la vida entera., me dio independencia. Me dio para sacar adelante a mi familia con dignidad. Antes era más difícil, pero ahora que soy productora, soy dueña de mi trabajo. El sector palmero me hizo creer en mí, como mujer de campo.
Más que la plata, me dio orgullo de ser palmera, porque ser palmera es ser mujer “verraca”, ¿Sí? Es además decir que las mujeres del campo también podemos producir. Que las mujeres podemos liderar y cantar.
El gremio palmero me abrió puertas. Me hizo conocer gente nueva. Me hizo sentir que mi voz vale. Yo hoy vivo de la tierra, de lo que yo amo, de la palma, de la tierra y del canto. Les repito, yo hoy vivo de lo que amo, de la palma, de la tierra y del canto.




